lunes, 29 de julio de 2013

VIAJES: Breve e incompleto listado de libros viajeros

  Podríamos partir de la premisa de que "todo libro es un viaje", y bien cierto que es: mis primero viajes literarios fueron con Julio Verne al cono sur, tras los pasos de Los hijos del capitán Grant y siguiendo luego a Miguel Strogoff, el correo del zar, por las estepas rusas camino de Irkustk.
 
  Sin embargo, aprovechando que el verano está en pleno apogeo y que ésta es una de las épocas del año en las que, aprovechando las vacaciones, más se viaja; hablaré de viajes literarios por partida doble. Quiero daros un pequeño e incompleto listado de libros de viajes improbables, relatos de viajeros, de gentes que hicieron grandes rutas, imaginadas o reales, y de cuya lectura podemos sacar muchas lecciones de lo que es un viaje. Para viajar leyendo libros de viajes, dándole una vuelta de tuerca a la premisa del principio.
 
  Sin duda, y con el bagaje que tengo gracias al Rally Mongol, he de empezar hablando de Asia Central, la calle principal de los primeros "viajes organizados" de la Humanidad: las expediciones comerciales y caravaneras de la Ruta de la Seda, algunos de cuyos caminos transité en 2011.
 
  Por eso, el primer libro de viajes que os cito no puede ser otro que El libro de las maravillas del croata-veneciano Maro Polo.
 
La colección Tus libros de Anaya es para mí una de las mejores y más didácticas
 
  Se trata de un compendio comercial, diplomático, cultural y etnográfico de las tierras atravesadas por Marco Polo en sus viajes, conectando el mundo cristiano medieval con la civilización nómada de los tártaros, de cuyo emperador, el Gran Khan, llega a ser enviado diplomático.
 
Imaginar que ya no se pueden hacer viajes de ese calibre y con ese significado (a no ser que los extraterrestres nos lleven a otro planeta) me produce un gran desconsuelo.

Incluso Cristóbal Colón tenía una copia del libro de Marco Polo.
 
  Siglo y medio después, y siguiendo los pasos del mercader y diplomático veneciano tras el Gran Khan, tenemos a Ruy González de Clavijo y su Embajada a Tamorlán.
 
 
  
   Es la narración del viaje que inició en 1403 el madrileño Ruy González de Clavijo para intentar establecer una relación diplomática con los mongoles y aliarse con éstos contra los otomanos que amenazaban a Europa en los Balcanes.

La ruta de Clavijo hasta Samarcanda, con la que nos cruzamos, o seguimos, durante nuestro viaje a Mongolia en 2011.

 
  Clavijo, en su narración, nos cuenta las impresiones que recibe de ciudades mediterráneas, de la mítica Bizancio, donde pasa el invierno de 1404 esperando mejores condiciones para navegar por el mar Negro; nos narra las inseguridades de las tierras donde cada reyezuelo o mercenario impone sus normas a los comerciantes, los horrores del desierto en Irán y Afganistán, las diferencias religiosas dentro del cristianismo, la corte exuberante de Tamerlán, sus dificultades en los recibimientos que le ofrecían debido a su condición de abstemio... En resumidas cuentas, una crónica detallada y asombrada de lo que le iba saliendo por el camino a este primer gran viajero castellano.


Mientras Pau juega con unos niños mongoles en la frontera con Rusia en Tashanta, podéis ver en la guantera de la ambulancia como asoma la Embajada a Tamorlán, que nos acompañó en el viaje.
 
 
  
Más reciente, tenemos Tierra de hombres, de Antoine de Sain Exupéry. El autor de El principito nos cuenta en este libro sus experiencias vitales y sus impresiones del mundo en el que vive a partir de una accidente que sufrió en 1935 en el desierto de Libia cuando volaba entre París y Saigón tratando de establecer un récord de navegación aérea.
 


  Otro viajero incansable en Asia Central fue el sueco Sven Hedin, a quien los Aventureros solidarios no descartamos emular en el futuro (sólo en su vertiente viajera, ojo)
 
 Los viajes del sueco. Ni Marco Polo
 
  Algunos de sus libros de viajes son A través de Asia (1898), La conquista del Tíbet (1935) y Mi vida como explorador (1926), donde relata las expediciones que hizo en aquella difícil región, en lo geográfico y lo geopolítico, donde los imperios rusos, chino y británico chocaban por hacerse con el control del corazón de Asia (la guerra de Afganistán no es más que una continuación de la que ya mantuvieron los británicos en el siglo XIX y en las que empiezan las andanzas del doctor Watson en las aventuras de Sherlock Holmes), y donde cualquier extraño podía ser un espía del enemigo en aquellos valles perdidos y esas llanuras interminables.

Si no creéis lo de los espías en la estepa, leed las aventuras de Miguel Strogoff, de Julio Verne. Disfrutaréis atravesando los Urales bajo la tormenta, haciendo equilibrios en los hielos del lago Baikal o enviando telegramas desde una estación telegráfica perdida en mitad de la estepa.
 
También en esta región podéis leer Viaje a Oxiana de Robert Byron, que nos cuenta cómo en los años 30 del siglo XX busco los orígenes de la arquitectura islámica.


 
Y terminando ya con Asia Central, deberíais leer a Freya Stark, una viajera y aventurera británica que en el primer tercio del siglo XX buscó en las montañas al sur del Caspio (el actual Irán) el valle de los Asesinos, Valley of the Assassins, una secta del Islam que pervivió durante siglos en esa región escondida del mundo gracias a la política de asesinatos selectivos que mantenían para continuar en su puesto. Si sois lectores y/o seguidores de Juego de tronos, seguro que podéis sacar la relación del nombre de esta exploradora con dos de las casas de los Siete Reinos. Y si lo relacionáis con el título del libro y la forma de perpetuarse de los Assassins... Os podría fastidiar con un spoiler de la serie... Pero eso es otra historia.

Los Frey, los Stark, asesinatos...
 


Cambiamos de continente y nos vamos a África, para hablaros de dos norteamericanos locos que en 1936 atravesaron África desde Lagos (Nigeria, golfo de Guinea) hasta el mar Rojo, al este.
 
 
En sidecar.
 
 
Decidieron hacerlo porque cuando el barco en el que viajaban hacia la India hizo escala en Lagos, escucharon la historia de alguien que acababa de llegar desde el otro lado del continente en coche. Y ellos preguntaron "¿En moto lo ha hecho alguien esto de atravesar África? ¿No? Pues lo hacemos nosotros".
 
Eran James C. Wilson y Francis Flood, y las pasaron canutas en desiertos y pantanos, pero disfrutaron de un África amable que empezaba a ser conocida, pasaron la Nochebuena y Nochevieja con regimientos coloniales franceses, y eran esperados, gracias al telégrafo o a caravaneros, en cada pueblo por el que pasaban.
 
Contaron su aventura en el libro Three-wheeling through Africa. Algún día me gustaría seguir sus pasos.
 


Si os gustan los largos viajes en moto, podéis buscar inspiración en esta lista, o seguir los pasos de Miquel Silvestre, leyendo Un millón de piedras. En este libro, Silvestre nos habla de su viaje por África en moto, las impresiones de esa experiencia: el camino, un continente inmensamente diferente, sus gentes y él. Y si le seguís la pista descubriréis que con sus viajes en moto intenta rescatar del olvido a exploradores olvidados, viajeros y aventureros del pasado, que como Ruy González de Clavijo, se vieron en los confines de su mundo.
 
 
 
 
 
Como os dije al principio, todo libro es un viaje, pero en estos libros hay muchos viajes. ¿Cuál es el vuestro?
 


 
 

miércoles, 3 de julio de 2013

Novedad editorial: «BIOGRAFÍAS FICTICIAS DE CÉLEBRES INFAMES»

Ya está a la venta el primer libro de Ismael Vives Bonete (Elche, 1977), singular autor que, si la selva editorial lo permite, debería dar mucho que hablar. Por ahora, con esta primera obra, ha conseguido dar el primer paso de la difícil carrera de tener un nombre literario. Ese esfuerzo sin duda merece la recompensa de vuestra lectura, que desde luego os gustará.

 

Además, como buen amigo que es, cometió la imprudencia de pedirme que prologara a su retoño, a sus Biografías ficticias de célebres infames, y yo he intentado hacerlo lo mejor posible.

Aquí os dejo el prólogo a su libro, con la intención de que vayáis inmediatamente a buscarlo a las librerías. Confío en haber cumplido la misión y que ésa sea la sensación que dejen en vosotros las siguientes palabras:


PRÓLOGO A LAS BIOGRAFÍAS FICTICIAS DE CÉLEBRES INFAMES DE ISMAEL VIVES BONETE

Valiente lector, quién sabe si incauto, vas a enfrentarte a una obra singular, única en su género, que va un poco más allá de la que yo me atrevería a calificar como primera referencia de este género de las biografías falsas.
Tengo la suerte de que me guste esto de la lectura y la escritura, y que en el ejercicio de esa afición haya pasado por mis manos la Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges. El indiscutiblemente reconocible estilo de este genial escritor argentino (a quien el propio Mick Jagger declaró su admiración como una de sus propias gruppies una vez que se encontraron en el vestíbulo del hotel Palace de Madrid) no deja indiferente a nadie que tenga una mínima sensibilidad o formación en esto de las letras. Y eso incluye a personajes como Ismael Vives o un servidor, ingenieros de formación y profesión, pero escritores de corazón.
¿Por qué hablo de este primer libro de cuentos de Borges? Porque a mi humilde entender, quizá equivocado, es una de las inspiraciones de esta obra que tenemos entre manos.
Pero el autor de este libro da un paso más, si el argentino creó sus historias a partir de datos reales pasados por el tamiz de su genial imaginación, aquél decide ser más honesto consigo mismo y que toda la obra entera sea imaginada. ¿Por qué? Muy sencillo, Vives es enemigo de la inexactitud (atendiendo a sus propios criterios, por supuesto, con los que podemos estar más o menos de acuerdo), busca la precisión absoluta y eso es complicado alcanzar con biografías reales, como mejor explicará él mismo más adelante.
Muestras de este gusto por la precisión es explicarnos, por ejemplo, en qué balda de qué estantería y a qué lado de la sala está la glándula pineal de uno de sus infames. Quizá sea esa necesidad suya de usar la palabra exacta, la acepción adecuada para cada momento, lo que le ha llevado a su laboriosa forma de poner en cada sitio, no el primer término que le viene a la cabeza para definir una cosa o concepto, que es lo fácil que hacemos otros muchos que escribimos, sino recuperar palabras en desuso o acepciones poco conocidas pero que pueden esconder significados más acordes con la forma en la que él piensa ese concepto o cosa. Como ejemplo de ello, una palabra que encontraremos más de una vez en este libro es tesauro, que significa «catálogo» pero también «tesoro». Y es que para Ismael hay catálogos que son tesoros, ya que listan referencias valiosas, mientras que otros catálogos son meras enumeraciones sin valor adicional.
O quizá no sea ésa la explicación y realmente el autor del libro que nos ocupa sea un barroco elitista, como se podría deducir de la siguiente frase que encontraremos en esta obra: «(…) se compendiaron las dicciones en un libro que debidamente llamaron Compendio de las dicciones –aunque el vulgo lo abreviaba como Diccionario‑, se censó a la población y se escribieron tesauros, y catálogos, y catálogos de catálogos».
Porque no vamos a negarlo, Ismael Vives es un barroco que ya desde el doble oxímoron del título nos advierte de qué nos vamos a encontrar: ficción barroca y borgiana. Así que no digan que no estaban advertidos.
Como muy bien dijo el propio Borges en el prólogo a la edición de 1954 de su Historia universal de la infamia: «Yo diría que el barroco es aquel estilo que deliberadamente agota (o quiere agotar) sus posibilidades y que linda con su propia caricatura». Y eso es lo que hace nuestro autor, agota todas las acepciones, usa la palabra exacta (sin duda éste repasa el Diccionario cada noche antes de acostarse y aprende nuevas palabras y sentidos desconocidos de palabras conocidas), o inexacta, con total premeditación (quiero creer que sin alevosía) para dibujar un mundo particular, toda una cosmogonía propia que defenderá con argumentos intachables (impagable el conflicto teológico que nos propone en Vilipendio a Víctor Varshenko); aunque seguramente lo único que quisiera fuera divertirse a costa de la belleza de la razón, incluso convirtiéndose en personaje o caricatura por encima de la persona. O no.
En este libro comprobaréis que a su autor le gusta jugar con nosotros, quiere que no sepamos si habla en serio o habla en broma, porque nunca sabremos si lo que dice es factible o no tiene sentido alguno y sólo nos está provocando.
Por tanto, una opción para leer a Ismael Vives Bonete es armarse de paciencia y consultar cada uno de los términos, nombres y números que aparecen en el mismo, porque es posible que sean fechas que tengan algún significado oculto. O no. Es posible que todos y cada uno de los nombres y números de estas biografías falsas tengan un sentido, conformen un todo en contra de lo que nos dice en su prólogo. O tampoco. Y eso es difícil de saber porque con Vives siempre se tiene la duda de si lo que te está contando tiene sentido, si hay segundas lecturas posibles, si te habla en serio o si te está haciendo un nudo sin cabos de los que tirar, sólo por diversión, siguiendo un meticuloso plan sin ninguna finalidad más (como ya he dicho anteriormente) que el propio disfrute en su percepción de bellos razonamientos. Como se decía en Dune: «Planes dentro de los planes dentro de los planes de los planes». Digamos que Ismael en su 111ª fiesta de cumpleaños imitará a Bilbo Bolsón y nos dirá sin pestañear: «No conozco a la mitad de vosotros ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de vosotros merece».
Pero aparte de todas estas maledicencias que estoy vertiendo sobre el autor, las Biografías ficticias de célebres infames son una colección genial de retazos de vida imaginada, de personajes singulares enfrentados con ellos mismos y con el mundo, viviendo hazañas y capítulos dignos de este tesauro en el que veremos imágenes bellas, metáforas inigualables en las que podríamos tropezarnos con Sabina o los redichos Love of lesbian, porqueras siderales, bibliotecas imposibles, una nueva posible Cosmogonía Literaria, historias en las que nos cuentan (por dos veces) la peligrosa crueldad que es decir te quiero, enumeraciones felices, reflexiones sobre la belleza interior y la fealdad de lo superfluo, intentos vanos de aplicar las leyes de la Física, el método científico y la praxis ingenieril (a lo largo de las páginas de este libro Vives deja entrever sin rubor que, a pesar de sus vastos conocimientos literarios y filosóficos, también es ingeniero) para invertir el sentido de rotación de la Tierra, cuantificar el amor, averiguar la fórmula de la felicidad, conocer el secreto del arte (del síndrome de Diógenes), producir los mejores jamones pata negra del Universo u obtener el precio óptimo para vender melones en una rotonda de la Vega Baja del río Segura.
Hay muchos libros en estas Biografías ficticias de célebres infames, tantos como entendimientos y niveles de comprensión haya en los lectores que nos enfrentamos a ellas. Estas vidas son muchas cosas al mismo tiempo, desde los meros divertimentos de bello y abusado lenguaje hasta las fábulas no moralizantes sino reflexivas, pasando por guiños y joyas que sólo unos cuantos alcanzaréis a aprehender y disfrutar (yo sigo buscando esos huevos de pascua que sé están ahí escondidos).
Por cierto, no le tengáis en cuenta las menciones a Nietzsche y Kant en el prólogo, no vuelve a abusar de ellos.

David Reche Espada
Madrid, a 3 de mayo de 2013
PD: Un guiño: sólo hay un relato que se puede decir narrado en primera persona, donde el narrador es parte de la historia. Premio para quien averigüe el motivo de esta excepción.

MEMORIAS DE TECH HUAN. Cap 1: De la Casa de Aprendizas (IV)

Previously, at Tech Huan Memories....


Después del primer encuentro con Gagga, semanas antes, y con ayuda de Cipango, había propiciado que las chicas compartieran las experiencias, que los secretos no existieran entre ellas y que en ningún momento ninguna de las componentes de la comunidad que poco a poco estaban creando se considerara por encima de las demás o se creyese favorita frente a las otras. Dada su situación y las circunstancias de su llegada hasta el redil de Norton San Luis y Liberta Adler, ésta y yo pensamos que crear un grupo unido y solidario de iguales haría más efectivo el trabajo. El vínculo de la colectividad, surgida de la necesidad de convertir en natural una vivencia compartida entre ellas, desinhibiría las posibles reticencias que en su vida anterior pudieran haber sido fijadas en la educación recibida desde sus sociedades de origen. Pero esto no era impedimento para no dejar de atender a cada una de ellas de forma particular según sus cualidades más destacadas. Así por ejemplo, la belleza insultante de Mirena, con sus curvas y pechos de mestiza ardiente, no necesitaba más que de prendas mínimas, potenciación de su carácter de por sí extrovertido y saber frenar en los hombres, sin que éstos se dieran cuenta, el deseo instintivamente primario que sus profundos ojos negros despertarían de forma invariable: Mientras que la feroz e inteligente combatividad verbal de Aireen, debería ser instruida para atraer con la dialéctica a aquellos visitantes menos proclives, al menos de forma reconocida, a los excesos pero capaces de ser seducidos mediante la confrontación verbal.
Por otro lado, Norton San Luis había conseguido el nombramiento como obispo embajador de la Nueva Iglesia Mentiniana, cargo que le daba salvoconducto para moverse libremente entre sistemas planetarios enfrentados, dentro y fuera de la Liga. Así, en sus habituales viajes de negocios, que ahora tomaban también el carácter de diplomáticos y evangelizadores, aprovechaba todos sus encuentros con todo personaje poderoso o que potencialmente pudiera convertirse en alguien influyente para recabar datos pedidos por su mujer. En sus misiones ecuménicas extendía su red de informantes, la misma que meses atrás saboteó los sistemas de navegación de la nave de mi anterior amo, y lograba contactos en despachos de múltiples planetas. Esta labor era parte esencial del plan: conocer las debilidades, predilecciones, psicología y posibilidades de aquellos que tarde o temprano conocerían a mis aprendizas. De esta manera, la forma física, la educación y habilidades de las chicas serían enfocadas tanto grupal como individualmente a la satisfacción, o mejor dicho encandilamiento, de quienes tarde o temprano gobernarían la economía, la política, la religión y las fuerzas militares del Universo.
Y yo, con la ayuda de Liberta Adler, debía crear en el grupo de jóvenes muchachas el deseo de satisfacerme, la necesidad del sexo, el voluntarismo hacia la misión de retozar con los invitados esperando el premio de mi aprobación y mi compañía más íntima. Debía ser un juego, una competición amistosa en la que las reglas a seguir serían las de la sexualidad y la sensualidad placenteras, proporcionadas por ellas. La recompensa sería colmar la necesidad de su satisfacción con la inagotable capacidad de mi miembro, siempre dispuesto para todas; la promesa de mis caricias y mis nuevos secretos.
Días más tarde del capítulo de la lluvia, Liberta Adler me hizo llamar a sus habitaciones. Vestía uno de sus camisones de lino blanco, sin atar, tal y como solía hacer en sus espacios privados, sin ropa interior, mostrándome de forma velada las curvas aún jóvenes de sus pechos y la suavidad de sus muslos. En la cama tenía un frutero con diversas piezas, me ofreció distraídamente un komboloi que estaba fuera del recipiente.
‑Dime Tech –comenzó con cierto aire de preocupación‑, ¿tú crees que estamos haciendo bien con esas chicas?
Liberta Adler sabía perfectamente que la pregunta, dirigida a mí, estaba mal formulada. Yo no creería si se hacía bien o mal, podría juzgar los hechos según diferentes reglas morales o éticas, que en ningún momento me quitarían el sueño; y determinaría según cada escala de valores cómo sería aceptada la idea en según qué ámbitos. Pero supe que ella no buscaba esa respuesta. La conclusión a la que llegué, tras evaluar los aspectos que conocía de Liberta Adler y las conversaciones que sobre el asunto teníamos periódicamente con su marido Norton San Luis, era que estaba empezando a ver a las jóvenes aprendizas como parte de su grupo, eran en gran medida una creación suya, y los avances a los que estábamos llegando eran hasta el momento plenamente satisfactorios. Pero ella temía que algo saliera mal y finalmente sus chicas, tras el esfuerzo invertido en ellas, corrieran peligros imprevistos. Contemplaba la posibilidad de que se les estuviera forzando psicológicamente por un camino que terminara por volverse tortuoso e incompatible con sus planes. Tras hacer varias proyecciones y estimaciones de sus pensamientos, llegué a la conclusión de que quería escuchar algo con lo que autojustificar lo que estábamos haciendo. Sopesando todas las posibilidades y situaciones posibles, y dadas las circunstancias del matrimonio San Luis- Adler, llegué a la conclusión de que el escenario planteado para las muchachas no era, objetivamente, el peor posible.
‑Señora –comencé a hablar con tranquilidad mientras iba desgranando poco a poco el komboloi que tenía en mis manos‑, usted conoce sobradamente que el bien y el mal a lo largo del espacio y del tiempo son conceptos relativos. –Ella se sentó en el borde la cama para escucharme con atención.‑Si bien es verdad que según se ha comprobado a lo largo de la Historia de la Humanidad hay una evolución, en apariencia errante y que en ocasiones se torna en involución, que ha establecido ciertas líneas rojas, más bien franjas difusas, que marcan una frontera de máximos y mínimos entre lo que se supone éticamente aceptable y lo que no. Lo que queda dentro de esas franjas, a veces muy amplias, es lo ambiguo, de fronteras siempre imprecisas.
Liberta cruzó los brazos y esbozó media sonrisa. Parecía intuir el hilo de mis razonamientos.
‑Abstraigámonos de sus intenciones últimas de establecer un sistema de clientelismo e influencias para gobernar subrepticiamente, situación que objetivamente resta posibilidades de desarrollo a algunos sistemas o poblaciones, en beneficio de nuestra estructura. Un sistema sujeto a la arbitrariedad pero que a su vez, si se cuenta con el factor paternalista y protector de quienes estén en la cúspide, que tampoco deja de ser un factor arbitrario; puede traer oportunidades y riqueza a otros sujetos que de otra forma estarían sometidos a sistemas de gobierno ineficaces aunque más justos según el paradigma vigente durante siglos…
‑Me abstraigo de eso –me cortó ella con cierta seriedad‑. Seguro que eres capaz de ir al grano de una forma más sucinta, mi querido Tech. –Terminó cogiendo uno de los granos de komboloi que tenía en mis manos.
‑Por supuesto señora, ruego me disculpe.
‑Sigue –autorizó restando importancia con un gesto despreocupado de su mano.
‑Iré al grano. ¿Qué sería de estas jóvenes si en el puerto espacial no las hubiésemos reclutado? Las más afortunadas habrían ido a parar al servicio doméstico de alguna familia de comerciantes de rango medio, donde es incluso posible que alguna de ellas terminara por ganarse el favor de algún amo benévolo y enamoradizo que abandonaría a su mujer o la dejaría embarazada, obteniendo así los derechos de un hijo bastardo. Pero lo menos extraño en estos casos es que acabaran engrosando las listas de burdeles de la ciudad o de los otros puertos del planeta, maltratadas sexualmente y con pocas opciones a vivir más de cinco o diez años antes de que la enfermedad o cualquier cliente o patrón insatisfecho las mataras en medio de una borrachera. Es cierto que aquí también han sido reclutadas con un fin sexual, pero las posibilidades y opciones que se abren a cada una de ellas son estadísticamente mejores que muchas de las obtenidas en los escenarios anteriores. ¿Quién sabe si incluso en sus planetas de origen sus destinos estaban ya decididos? Aunque ese capítulo de su destino no es responsabilidad nuestra –a Liberta Adler le gustaba que me incluyera en sus planes como parte del equipo responsable‑. Se puede argumentar en contra de este razonamiento, por supuesto, exponiendo las consabidas pegas del concepto de la jaula de barrotes de oro, o usando la máxima romántica de los que gritan que es preferible morir de pie a vivir de rodillas. Pero se ha visto a lo largo de la Historia que estas percepciones no dejan de ser matices dentro de esa difusa franja fronteriza que se intuye entre el bien y el mal.
‑Pero –objetó Liberta con mirada incisiva– se les priva de la libertad, y eso es algo que se pensaba que era una conquista de hace siglos y que ya no se perdería.
‑Podríamos empezar aquí un interesante y estéril debate sobre la libertad, señora –respondí‑. Pero la libertad que les robamos, ¿no sería quizá miserable? Quizá con un abanico amplio de posibilidades, es probable, pero en su mayor parte pésimas. Sin embargo, y haciendo proyecciones sobre la situación en la que tenemos a nuestras aprendizas, se encuentran en una jaula dorada en libertad provisional. En cierto modo las hemos cegado para que no vean los barrotes de su prisión, las hemos condicionado a que piensen en que ésta será una vida aceptable. La mente humana tiene un alto grado de resiliencia emocional, como usted bien sabe; es sorprendentemente adaptable. Ellas no saben que están viviendo de rodillas. Tarde o temprano habrán de saberlo, pero para entonces tendremos eficaces cortesanas que ‑y aquí hice hincapié puesto que iba a exponer una idea que llevaba desarrollando hacía tiempo en mis proyecciones– habrán de volar fuera de este planeta.
‑¿Qué quieres decir? –se extrañó Liberta Adler.
‑Es fácil señora: los hombres que vendrán a La Casa de Aprendizas variarán con el tiempo, las chicas también deberían evolucionar a otros estadios conforme los “clientes” sean otros y las necesidades distintas. Mis proyecciones me dicen que muchos de los poderosos que vengan se encapricharán con algunas de ellas; y que nos serán más útiles fuera que dentro.
‑¿Un servicio de información femenino? –sonrió maliciosamente ella acariciándose con un grano de fruta en los labios.
‑O matrimonios de conveniencia como hacían las grandes casas reinantes en la vieja Tierra con sus hijos. Sólo que en estas circunstancias no entregarán a sus hijas, sino a cortesanas educadas para satisfacer en la mayor medida a aquel hombre que sepa ganarse el respeto y la admiración de nuestra muchacha, al a que hemos de hacer ver que cuidamos como si fueran de la familia San Luis-Adler.
‑Interesante –respondió ella‑. Podría considerarse como una forma de ganarse la libertad de nuevo y con una estatus envidiable.
‑Habríamos de preocuparnos de que sólo aquellos poderosos capaces de hacer cualquier cosa por ellas, y por tanto los más manejables a la vez que serviles, fueran los que obtuvieran su premio.
‑Hemos de pensar todo esto, Tech. –Se levantó de la cama y apretó mi hombro con una de sus manos, su particular muestra de afecto. –Pero antes hemos de ver el resultado de nuestra primera hornada, e ir pensando en introducir muchachos. Los informes que me pasa Norton apuntan a que no podemos descuidar ese flanco.
‑Para la próxima primavera estaremos preparados para presentar en sociedad a las chicas –pronostiqué‑. A partir de ese momento, y según el éxito, podremos hacer previsiones para nuevas candidatas y candidatos.
‑Excelente Tech. Norton y yo estamos muy satisfechos contigo –me halagó antes de morder sensualmente el grano de komboloi con el que jugueteaba‑. Puedes irte, yo voy a seguir practicando aquello que enseñaste a Antha. –Y me dedicó una de sus sonrisas más provocadoras.
Me di la vuelta y saboreé los frutos que me había dado cuando entré y que aún tenía en mis manos. Percibí en ellos un sabor conocido, diferente al del komboloi pero no menos intenso.


CONTINUARÁ