jueves, 24 de noviembre de 2016

SÚPERFAN

Espero que puedas perdonarme, siempre he admirado -casi envidiado- tus virtudes. El perdón es cualidad de espíritus elevados, de gente como tú: divina, etérea, por encima del bien y del mal, en el sentido bueno de la expresión, ya me comprendes.

Quisiera ser como tú, ¿sabes? No, no llores, lo digo en serio.


Qué suerte haberte encontrado sola para contarte todo esto que me revuelve las tripas. La suerte… Paradójico que esté sólo a una letra de la muerte, ¿verdad? Pero tranquila, no me perdones si no quieres. Total, para qué serviría el perdón de un nuevo mito. Anda, hazlo fácil, cierra los ojos.

martes, 22 de noviembre de 2016

Crítica de cine: QUE DIOS NOS PERDONE


Los monstruos que llevamos dentro a veces no nos hacen tan diferentes de los monstruos que aparecen en la crónica de sucesos de la prensa, de ésos que cuando sabemos de sus crímenes o barbaridades nos hacen preguntarnos en voz baja: «¿cómo puede haber gente así?».

Es posible que lo único de nos distingue de ese monstruo que, según los vecinos, «siempre saludaba en el portal» sea la, a veces muy delgada, barrera de la empatía con el prójimo, esa ventaja evolutiva que nos diferencia de otros animales sociales; y que mientras más avanzamos hacia un mundo individualista en el que lo comunitario pierde valor en el mercado (des)social de la oferta y la demanda, más se va diluyendo en el día a día de la supervivencia y el sálvese quien pueda.


En Que Dios nos perdone tenemos a dos policías del departamento de homicidios  y muy poco empáticos buscando a ese monstruo, un posible asesino en serie y violador de ancianas en un Madrid caluroso, correoso y agitado con la confluencia de mareas sociales que chocan entre sí. Pero durante la investigación policial los protagonistas no sólo van a encontrar a ese monstruo, sino que también lidiarán con el que ellos llevan dentro, que en ocasiones llega a escapar con una facilidad preocupante.

Antonio de la Torre vuelve a estar sembrado interpretando a un personaje atormentado, con terribles borrascas interiores, y esta vez además tartamudo, sumando a su discapacidad social otro problema palpable al exterior que sirve para que el director Rodrigo Sorogoyen nos muestre las auténticas discapacidades o virtudes empáticas de quienes le rodean. Uno de ellos es su compañero Roberto Álamo, que encarna con una facilidad pasmosa a un personaje que nos puede resultar terriblemente familiar, un broncas violento y excesivo que en su necesaria demostración de su posición dominante sepulta el resto de aspectos personales, para desgracia de quienes le rodean (familia, compañeros, amigos…).

Rodrigo Sorogoyen recorre esta vez un Madrid diurno, asfixiante, ruidoso, cercano y decadente, a diferencia del retrato más frío de la ciudad que nos enseñó en su anterior e intimista Stockholm. Y nos lo enseña con gran parte de su circunstancia social, con personajes verídicos orbitando creíbles alrededor de los protagonistas, vibrando al ritmo de la investigación y de la lucha de ambos contra ellos mismos, y tratando de sobrevivir a pesar de, también, ellos mismos.



De aquella película recupera a Javier Pereira, convertido en otro tipo de depredador muy diferente al que interpretaba allí, con bastante más empaque que aquel personaje.

Desde el punto de vista de la trama policial, se me quedó coja la forma en que se va cerrando, quizá porque estaba esperando un alarde digno de Sherlock Holmes, cuando realmente la vida se parece más a lo que nos narra Sorogoyen: casualidades, casos cerrados en falso que se diluyen, hipocresía y villanos en todos los niveles.


Lo importante es, en todo caso, tener controlados a los monstruos.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

ENTRE LAS NUBES




Sigo observando mi trocito de cielo y me gusta. Queda allí al oeste, un poco a la izquierda mirando desde nuestra cabaña vacía hacia el río, donde la choza del chamán. Me cuenta que un día, cuando mi cuerpo también se canse de estar aquí, dejará que mi espíritu suba libre hacia esa parcela de estrellas iluminada por el sol de la tarde. Yo quiero irme ya, porque quien está cansado es mi espíritu, pero el chamán me acaricia el pelo y me dice que sea fuerte. Miro allí arriba y sonrío esperanzada al saber que toda mi familia me espera entre esas estrellas del oeste.

lunes, 17 de octubre de 2016

FE




-Cuando se prendieron las cortinas de la cocina todos caímos de rodillas entre llantos, ahítos de revelaciones. Mi abuela dijo que era la señal y comenzó a rezar, contrita, entre sollozos. Yo seguí las instrucciones de la voz salía de las llamas. Por suerte el jamonero estaba recién afilado y los niños adormecidos por el humo.

-¿Qué cortinas? ¡Esa cocina no tiene ventanas! ¡Ni había rastro de fuego!

-¿Qué insinúa comisario? ¡Prevéngase de los ardides del Maligno para mostrarle lo que no es! ¡Ser el brazo ejecutor de Dios para acabar con el fruto del pecado no es agradable! Su duda ofende al Altísimo. No cuestione mis convicciones.

jueves, 13 de octubre de 2016

RUTINAS

Poco antes de que los domingos fueran amargos cocinaba arroz para dos en aquella cazuela que compraron para su vida en común, con vino siempre en la copa. Como esas cosas que crees que serán eternas, nunca lo valoró, ni cuidó: la vida era una sucesión de rutinas entre dos.

Jamás reflexionó sobre la posibilidad de otras vidas. Ahora pensaba mucho en ello. Demasiado.


Restó importancia a esta obsesión sobrevenida y volvió a casa a comer cualquier plato precocinado, de pie en la cocina, para no ensuciar. Tras la siesta, si el vino quería, bajaría nuevamente al parque a odiar a las parejas que paseaban de la mano.

lunes, 10 de octubre de 2016

SPRITZ

Poco antes de que los domingos fueran amargos tuvieron el sabor insoportablemente edulcorado del té con melocotón degustado con la familia de ella al salir de misa.

Jamás volvería a tomarlo sin recordar las bromas pacatas y blancas con las que aquellas gentes de gominola acompañaban el refrigerio de los domingos. Escapaba de allí buscando el placer ácido y picante del licor de jengibre que tan bien definía a sus nuevas y prohibidas amigas: lúbricas, medicinales, divertidamente chispeantes...

Esa doble dieta naif y dominical no podía durar mucho: fue más estimulante el amargor difícil del spritz con el que una italiana de acento áspero le borró aquellas felicidades.


lunes, 26 de septiembre de 2016

LAS NAIPES PREDESTINADOS

Y le manchaba los dedos de harina al entregarle el paquete de naipes con el que realizaba el siguiente de sus números.

Toda la Corte, con la aquiescencia del Emperador, aún celebraba con exagero su bufonada previa en la que, imitando al Panadero Real, se llenaba la boca de harina. Era una de las ocurrencias preferidas del monarca. No tanto como el de «Los Naipes Predestinados».


A pesar del júbilo general, el favorito del Emperador se limpió silencioso y angustiado la harina de sus dedos. Intuía que la carta que le saldría en el juego no sería aleatoria. Tragó saliva y encaró a su destino: el Bufón era sólo un instrumento.