Ordenaron colocarle una venda
en los ojos convencidos de la
afirmación de que los ciegos desarrollan mayores percepciones en sus otros
sentidos. Coligieron que, privado de visión, sería el tacto del camino en sus
pies, el olor de la madera de los cercados, el sonido de las fuentes en el
prado o el sabor del aire en cada rincón del bosque, quienes le guiarían hacia
su verdadera casa. Pero pasaron las horas y el niño, asustado de tanto
campesino buscando amor filial, se acurrucaba en una lobera del bosque. A su
lado languidecía el aliento herido de su auténtica madre.
miércoles, 5 de junio de 2013
lunes, 3 de junio de 2013
Creadores ilicitanos (III): Músicos
El tipo de invitado que quizá más veces asiste al programa de Ràdio Jove Elx El Sótano es sin duda el músico. Quizás es más fácil encontrar gente que escribe, puesto que al fin y al cabo es la forma de creación artística que menos recursos requiere y por tanto más abordable por cualquier persona con inquietudes creativas.
Sin embargo, los que escribimos salimos poco a la palestra, en general. Y son los músicos, que abordan una tarea aún mucho más compleja de escritura: tanto por las letras como por las partituras (a mí me parece algo inabordable lo de crear melodía, escribir en un código que no tiene nada que ver con el que usamos para comunicarnos); son los músicos, decía, quienes suelen tener más visibilidad, sin duda merecida. Puesto que puede haber gente que en su vida lea un libro, pero es inimaginable una vida sin música. Que a su vez es una forma de expresión que llega más fácilmente (a pesar de su mayor dificultad de creación) a las tripas del receptor.
Sin embargo, a pesar de las veces que han acudido músicos a El Sótano, yo aún no había abordado el tema de la creación musical en Elche, y eso que hay materia prima. Por eso esta vez quiero que mi entrada al blog y mi intervención en el programa de radio, enmarcada en la serie de creadores ilicitanos, esté dedicada a la música en Elche.
Y es que ésta es una ciudad muy musical. Y para demostrar esta afirmación no he de decir más que Misteri d’Elx.
Una joya musical de la que los ilicitanos presumimos sin cortarnos un pelo. Recuerdo el viernes 18 de mayo de 2001, cuando la UNESCO declaró a esta celebración dramática Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Por la radio escuché la emoción de los locutores, tanto en Elche como los desplazados a París, y yo me contagié de esa emoción cuando comprobé la cantidad inimaginable de gente que desde mi barrio y otros más alejados bajaban de forma espontánea hacia los alrededores de la basílica de Santa María, en el centro de la ciudad, para celebrar la noticia. Me emocionó aquella implicación de gentes de barrios de ascendencia más bien andaluza, manchega y murciana, barrios en los que vive gente que principalmente alimenta las cada vez menos fábricas de calzado de la ciudad. Gentes que tras todo un año trabajando, en verano suele irse a descansar a su pueblo o a la playa, y cuya implicación con una fiesta local y tan singular de la identidad valenciana de Elche no se pudiera imaginar muy entusiasta.
Sin embargo allí estaban, mayores y pequeños, bajando en riada por Blasco Ibáñez hacia el centro de la ciudad, haciendo cierta la tradición de que el Misteri está hecha por y para el pueblo de Elche (cantores no profesionales que ensayan durante todo el año para mantener viva una Obra Maestra de la Humanidad: ¿Es o no es Elche una ciudad musical?).
Es una emoción que llevo muy dentro, puesto que la primera vez que asistí a una celebración del Misteri fue en el verano de 1995, mi último verano como residente ilicitano antes de irme a estudiar a Valencia. Reconozco que apenas conocía gran cosa de la Festa, puesto que yo pertenecía a una de esas familias que durante las semanas centrales de agosto no solía estar en la ciudad. Tuvo que ser mi amigo Ángel, cuyos padres tampoco son ilicitanos, quien nos llevara a varios compañeros a vivir nuestro primer Misteri. Él lo conocía muy bien puesto que su hermano participó en varias ocasiones, y nos lo contó tan bien que poco importaron las horas haciendo cola a las peores horas de un 14 y 15 de agosto: Yo he repetido siempre que he estado en Elche durante esas fechas.
Y cada vez que estando lejos de Elche escucho los acordes suaves, repetitivos y relajadamente veraniegos de la melodía de la bajada del Araceli, o la marcial pero amistosa marcha El abanico, que da entrada a los actores a la basílica entre petardos y aplausos, no puedo dejar de emocionarme y pensar que el próximo verano quiero estar en Elche, paseando bajo el frescor de las palmeras mientras hago tiempo para ir a ver un año más El Misteri.
Y sentirme en casa.
Pero dejemos esto, que me estoy emocionando tontamente, y sigamos hablando de música ilicitana.
Hablar del Misteri también es hablar de Alfredo Javaloyes, el maestro Javaloyes, por favor; que además de zarzuelas y marchas de Semana Santa compuso El abanico, una marcha militar de paseo, tranquila y agradable, que suena como si no quisiera darse importancia a sí misma y que anuncia la entrada de los cantores a la basílica de Santa María durante la celebración del Misteri.
Alguna vez he asistido al concierto que cada 15 de agosto da la Banda Municipal en el Gran Teatro de Elche, y siempre fuera de programa pero invariable año tras año, cuando termina el concierto y antes de irnos a la mascletà, se vive un momento de ilicitanismo total: la Banda se arranca con El abanico del maestro Javaloyes, y la gente mayor empieza a ponerse en pie para mostrar sus respetos mientras escucha ese himno. La primera vez que contemplé aquel rito viejuno me quedé completamente prendado del mismo, y cada vez que escucho El abanico me pongo en pie.
Ya más recientemente, entrando en nuestra memoria, tenemos a gente como Ana María Drack , una activa cantautora durante los años 70, que estuvo a la altura de grandes figuras de la época como Mari Trini o Cecilia. Con canciones que encierran toda la pasión de una época en la que el país luchaba por liberarse del yugo de la Dictadura.
Aún mantiene una web activa donde se puede saber de los proyectos que lleva en marcha
Aún mantiene una web activa donde se puede saber de los proyectos que lleva en marcha
También hemos de mencionar al malogrado Pepe Marcos , del que aquí obviaré sus terribles delitos para reconocerle el himno alegre y fanfarrón del Elche C.F., que tantas tardes de domingo he escuchado en el Martínez Valero.
Si seguimos avanzando en el tiempo, el primer grupo musical de Elche del que tuve noticia en los años 80, y que yo casi asociaba a la movida, fue Invitados del ático . Si mi memoria no me falla una tía mía estuvo saliendo con el guitarrista o con el bajo. Yo no tendría mucho más de 10 años y aún no distinguía entre una y otra. Este grupo fue, junto a 33 días y Alta Seguridad, la entrada de Elche al pop-rock.
Eran los 80
De aquella época, un poco posterior, también recuerdo un grupo llamado Erre que erre , calificada como una de las grandes bandas del pop-rock ilicitano. Yo recuerdo que durante unos años solía ir algunas tardes a tomar algo al garito que tenía uno de sus componentes, Ángel Alfosea, en el callejón peatonal que hay junto al colegio Ferrández Cruz. Se le veía al tío cara de cachondo.
Y ahora sigue en solitario como Alfosea , que ha colaborado con Paco Soto en la banda sonora de su primer largometraje Operasiones espesiales. Todo queda en Elche:
Unos pocos años después, pero casi en la misma época que Erre que erre, llegó Noviembre un grupo que llegó a la escena nacional sonando en Los 40 Principales. y que triunfó con el tema Adiós a las armas.
Con el s. XXI continuó la escalada de las bandas ilicitanas hacia los puestos visibles de las listas musicales, produciéndose una visibilidad antes desconocida.
Miranda Warning fueron los primeros en mejorar los registros de Noviembre. Leo en la Wikipedia que Lucía, su vocalista, fue compañera de Lady Gaga en Nueva York, casi nada. Yo algún viernes o sábado por la noche me la encontraba en La Posada, un garito del centro de Elche.
Coetáneo a los Miranda Warning, apareció El Bicho, sobrenombre de Miguel Campello, un experimento atrevido y diferente donde se fusionan rock, flamenco, y otras músicas étnicas, incluyendo las más nuestras, dejando constancia de que los músicos de Elche han sabido incorporar nuevas influencias a su acervo creativo.
Mi hermana, que trabajó en Los 40 Principales de Radio Elche y luego dio el salto a Madrid, conoce a Miguel Campello, El Bicho. Y cuando éste llegó a Madrid a llamar a puertas para enseñar lo que traía bajo el brazo, mi hermana me cuenta que estuvo con él echándole una mano.
También tenemos en la actualidad desde una vertiente más melódica a David Sampedro (representado por mi hermana, por cierto) que después de triunfar en Latinoamérica lo intenta aquí y romper el famoso dicho de que nadie es profeta en su tierra. Medios y ganas no le van a faltar.
Y para finalizar con los superéxitos de la música ilicitana, en 2001, con el fenómeno de Operación Triunfo llegó Verónica Romero , autorrebautizada como Verónica Romeo. Fue la 6ª clasificada de la primera edición del programa televisivo, y si no quedó mejor fue porque tenía delante a auténticos animales televisivos (nos gusten más o menos). Tenía una versatilidad vocal única y una polivalencia en el escenario solo superada por el torbellino Bisbal.
David Sampedro pone aquí su granito de arena contra la violencia con las mujeres, con Cristina Alcázar
Y para finalizar con los superéxitos de la música ilicitana, en 2001, con el fenómeno de Operación Triunfo llegó Verónica Romero
Me gustó que aquel programa en el que había chavales que estaban mostrando su valía y su esfuerzo en una disciplina artística (también comercial) batieron en audiencia a los zánganos de Gran Hermano, logrando récords de audiencia de la televisión, cuyo minuto de oro fue el de Verónica con One day I’ll fly away (nada menos que casi 15 millones y medio de espectadores con un 73,4% de audiencia, seguro que nunca nadie de Elche ha estado tan en medio de un fenómeno de masas).
Y tras esto, ¿qué nos queda? Pues tenemos a muchos músicos esforzándose día a día por estar en el candelero. Buena cuenta de ellos dan en El Sótano. Algunos de ellos son Love me back, el singular Mr. Nacho D
Render con este gran directo (también representados por mi hermana) y Nicoh E.S.
El Nacheras es un monstruo!
Render con este gran directo (también representados por mi hermana) y Nicoh E.S.
Aquí hay fuerza!
domingo, 2 de junio de 2013
MÁS ALLÁ DEL SÓTANO: Días de fútbol (2)
También puedes escucharlo AQUÍ.
Prometí hace un par de días en twitter escribir sobre un lugar sórdido de Madrid, en contraposición al mundo chic de mi paisana bloguera Gema Morcillo. Pero aún no he podido revisitar ese rincón sórdido de la capital del que os quería hablar (lo hice con 13 años, así que mis recuerdos y algunas fotos no son material suficiente para hacer algo mínimamente presentable).
Así que hablaré de otra cosas que para muchos también es algo sórdida. Aprovechando que ha terminado la temporada 2012/13 de la Liga Nacional de Fútbol y, lo más importante, que el Elche C.F. ha vuelto a la Primera División, os escribo lo que les conté a la gente del Sótano (Ràdio Jove Elx) el pasado jueves 23 de mayo.
Vamos a hacer un poco de historia. El fútbol actual tiene unos 150 años (hace ya siglo y medio que se crearon sus reglas), aunque su origen es aún más antiguo.
A finales de la Edad Media ya existían en las islas británicas unos juegos de equipo algo rudos, más parecidos el rugbi, consistentes en llevar una pelota hacia el terreno del equipo contrario. Llegaban a ser juegos muy violentos, porque valía todo para hacerse con la pelota. Fijaos si era violento que uno de los más populares, el fútbol de carnaval, estuvo prohibido 500 años en Inglaterra.
Además de las Islas Británicas, también existía el calcio florentino en Italia desde el s. XVI. Y aunque la invención del fútbol como tal fue británica, cuando en el siglo XIX se unificaron varias reglas de juegos (e incluso hubo escisiones con las que se crearon el rugbi, el fútbol americano o el fútbol australiano), los italianos también e atribuyen el mérito de haber inventado el ambiente festivo y competitivo de los partidos de fútbol
Quizá por eso de que el rugbi y el fútbol tuvieron un origen común hasta que hubo esa escisión a la hora de crear las normas, y tomaron esos caminos tan distintos, es por lo que se dice que el rugbi es un deporte de bárbaros (más cercano al deporte medieval) jugado por caballeros, mientras que el fútbol moderno es un deporte de caballeros jugado por bárbaros. Para gustos los colores.
Pero hablemos del fútbol en la cultura. Si nuestro fútbol (su soccer) fuera un deporte popular en EEUU seguro que habría cientos de películas dedicadas a este deporte, como las hay del fútbol americano y del baseball. Seguro que todos habéis visto más de una película de estos deportes. Por mencionar un par, tenemos a Jerry Maguire (Con el Óscar a mejor secundario de Cuba Gooding Jr. y su ¡Show me the money!),
o Un domingo cualquiera, de Oliver Stone, con Al Pacino, Cameron Diaz, Dennis Quaid, James Woods, Jamie Foxx... Menudo cartel, ¿eh? Incluso Charlton Heston salía.
Atención a lo que se está viendo en la tele cuando Al Pacino le explica a Jamie Foxx qué es un quaterback
Sin embargo, de fútbol nuestro no se han hecho tantas películas, aunque alguna hay. Tenemos por ejemplo la inolvidable Evasión o victoria, del año 1981, dirigida por el mismísimo John Houston, y actores como Michael Caine, Sylvester Stallone y el mismísimo Pelé.
Magnífico
Además, los ingleses, cámo no, han hecho también películas de fútbol, como Quiero ser como Beckham, donde tenemos a una muy joven Keira Knightley antes de convertirse en pirata caribeña. Esta peli a mí también me gustó mucho, porque hablaba de convivencia, de integración social y cultural, de liberación de la mujer. Tenía mucho más mensaje que el que dice el título.
Además en Inglaterra tenemos a Ken Loach, con su Buscando a Eric, una peli con Eric Cantoná, The King (muy bueno el juego de palabras con su apodo en el título en inglés de la película: Looking for Eric).
Pero aquí en España también hemos hecho películas futboleras:
Tenemos por ejemplo Días de fútbol del año 2003 con Ernesto Alterio, Alberto San Juan, Natalia Verbeke, María Esteve
El penalti más largo del mundo (Roberto Santiago) de 2005, basada en un cuento de Osvaldo Soriano, con la ilicitana Cristina Alcázar
Y por último, también del mismo director, Roberto Santiago, tenemos El sueño de Iván de 2011, con una selección mundial de niños cumpliendo el sueño de jugar contra los mejores del mundo por una causa benéfica. Esta película tuvo localizaciones en el Martínez Valero del Elche C.F. y donde también sale Cristina Alcázar, como madre de Iván.
Además, para entender cómo el deporte puede llegar a unir todo un país y ayudar a cerrar heridas terribles si sus protagonistas así se lo proponen, tenemos el libro El factor humano del periodista John Carling, donde cuánta como el mundial de rugbi de Sudáfrica fue una acontecimiento que unió a un país dividido. De este libro, Clint Eastwood hizo una magnífica película (Invictus), con Morgan Freeman interpretando a Nelson Mandela.
Y por supuesto, y para terminar, también hay cuentos de fútbol:
El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano (1995)
Fever Pitch, de Nick Hornby (1996)
Dios es redondo, de Juan Villoro (2006)
Puro fútbol, de Roberto Fontanarrosa (2000)
jueves, 30 de mayo de 2013
Volver
Hace unas semanas, algún compañero dijo en el trabajo, referido a las fechas de entrega de las ofertas en los procesos de licitación a los que nos presentamos en el trabajo que "siempre íbamos corriendo". Pensé que podía ser un bonito comienzo de algún pequeño relato. Y me puse a escribir a hacia donde esa frase quisiera llevarme.
Hoy he vuelto a tropezar con ese ese relatito que escribí en el cuaderno del trabajo:
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Siempre íbamos corriendo, siempre engordábamos en nuestra carrera la ilusión de que durante la noche algún gigante generoso habría llenado con su cazo mágico el río.
Siempre nos topábamos con las gravas secas y las arenas sofocadas del lecho seco.
Siempre volvíamos al poblado sucios, sudorosos y sin agua limpia para beber.
En el camino de vuelta siempre nos encontrábamos con las mujeres de la aldea, iniciando imperturbables el largo camino hacia el pozo de lodo, más allá de las colinas.
lunes, 27 de mayo de 2013
MÁS ALLÁ DEL SÓTANO: DÍAS DE FÚTBOL (1)
Yo iba a escribir un post con el contenido de mi intervención del pasado jueves 23 en el programa El Sótano de Ràdio Jove Elx, donde se habló de fútbol para celebrar los recientes acontecimientos vividos en Elche, pero me puse a escribir y me ha salido otra cosa menos wikipédica, así que dejaré para más adelante lo que conté en El Sótano (el fútbol en la cultura). Hoy vengo con algo más personal.
El Elche C.F. ha ascendido a la Primera División de la supuestamente mejor Liga del mundo (con permiso de los alemanes...) y a pesar de que no soy muy futbolero, he vivido muchas tardes de domingo en el Martínez Valero (uno de los 10 mayores estadios de fútbol del país) desde que apenas tenía 6 ó 7 años. Realmente sólo recuerdo el ascenso del 89, pero sé que también estuve en el del 84 porque tengo recuerdos difusos de aquella temporada, incluso de haber estado en alguna invasión de campo celebrando un ascenso, pero no podría afirmar en qué año.
El Elche C.F. ha ascendido a la Primera División de la supuestamente mejor Liga del mundo (con permiso de los alemanes...) y a pesar de que no soy muy futbolero, he vivido muchas tardes de domingo en el Martínez Valero (uno de los 10 mayores estadios de fútbol del país) desde que apenas tenía 6 ó 7 años. Realmente sólo recuerdo el ascenso del 89, pero sé que también estuve en el del 84 porque tengo recuerdos difusos de aquella temporada, incluso de haber estado en alguna invasión de campo celebrando un ascenso, pero no podría afirmar en qué año.
Nery, una de las mayores melenas que ha visto la liga de fútbol española. (Temporada 83-84)
Tardes de jugar con mis hermanos en el foso del estadio, de comer pipas, de ver a Boria correr hacia la portería y fallar lo más sencillo al mejor estilo de Julio Salinas, de escuchar a Santiago Gambín, a José María Priego o a Paco Gómez en la radio cuando volvíamos a casa en coche. Noches de ver en el Estudio Estadio el resumen del partido del Martínez Valero, a ver si yo salía entre el público.
Luego llegó la Segunda B y hasta 4 ó 5 años después no volví. Y descubrí el ambiente del estadio, pero no siendo un niño, sino ya un adolescente con mejores capacidades de analizar lo que percibía. Y me gustaba aquel ambiente democrático de un partido de fútbol en el que veía a gente de toda condición y pelaje, de ambos sexos, jóvenes y viejos, vestidos de sport o de domingo. Pasando la tarde tras las comuniones en primavera o calentándose a base de dar palmas en el invierno perezoso del sureste. Y todos con la misma ilusión. Todos sabedores de que esta ciudad y este equipo podían estar en un lugar mejor. Que ser líder o estar entre los cuatro mejores de tu grupo año tras año al final daría su fruto, que saldríamos de la fosa abisal que son las divisiones inferiores.
Muchas tardes de domingo en el Martínez Valero
Y empecé la Universidad y me fui de Elche. Y cada domingo, en la época en la que no había internet tenía que esperar a que en la radio dieran los resultados de 2ªB, o confiar que el Elche no coincidiera en horario con el Valencia para para que los de Ràdio 9 le dieran algo de bola.
Pero intentaba no faltar a los play offs de ascenso. Daba gusto ver aquellos partidos en los que se notaban las ganas de fútbol que hay en la ciudad, partidos cruciales en los que la población responde, deseando ver juego del que emociona, encuentros en los que los colores a los que sigues se están jugando algo.
Viví dos ascensos a Segunda División, con sus respectivas celebraciones en mitad de los exámenes de junio. Y eso era sólo un escalón hacia el destino final que todos deseaban para el Elche C.F. (volver a su sitio natural).
Y se ha conseguido. Al segundo intento serio se ha logrado. Atrás queda la decepción del partido contra el Granada de junio de 2011 (al que fui a Elche tras haber amanecido esa mañana en Lleida).
Hace un par de semanas asistí al primer match point para volver a Primera, contra el Barça B (una visita relámpago a Elche desde Madrid para irme a la mañana siguiente a Valencia), y desde que aparqué el coche en las inmediaciones del Martínez Valero hasta que llegué al estadio, todo eran sensaciones revividas: caminar al calor suave de la tarde primaveral a las afueras de la ciudad entre camisetas franjiverdes, el ruido lejano de la megafonía ahogada en el hormigón desnudo del estadio; el olor del césped y de la humedad que desde las tierras más bajas de Atzavares, Maitino y Perleta va envolviendo a la masa de gente que come pipas, fuma puros y hace cábalas con los resultados de los otros equipos envueltos en esta película del ascenso.
Fue una tarde reconfortante, tras huir de mis primeras semanas en la climáticamente indecisa Madrid, recuperaba por unas pocas horas sensaciones dormidas de la niñez y la adolescencia, cuando veía el cielo despejado del Mediterráneo incendiarse tras la sierra de Crevillente y mis preocupaciones, aunque ya estaban ancladas al lunes, eran mucho menores que las actuales.
Y aunque hubo empate y no había posibilidad de ascenso. Observé la emoción contenida de más de 30.000 personas, que lo dieron todo durante el partido pero que se iban convencidos de que todo estaba hecho y de que en breve nos sumiríamos en un sueño con el que hacía tiempo fantaseábamos.
Ahora el sueño es realidad y fantaseo con las visitas que la próxima temporada haré al Bernabéu, al Calderón, al Teresa Rivero y al Alfonso Pérez. Ya que vivo en Madrid, aprovecharé para ver los partidos que otras muchas veces no he podido ver.
viernes, 24 de mayo de 2013
RELATO EN CADENA: Veredictos.
El Tribunal apreció cierta
rigidez en su mirada y cada uno de
sus miembros empezó a especular el motivo.
‑Está mintiendo –pensó la jurado número tres, profesora retirada y
resabiada. –No importa la edad, siempre les pillo.
‑Pobre –se lamentó la número cinco. –El fiscal le está haciendo sufrir al
recordarle esa escena tan terrible.
‑Tengo que cortarme las uñas –pensaba abstraído el empleado de banca,
siempre ajeno a lo que le redeara.
‑¡Qué crack! –se impresionaba el número dos, un ermitaño desarrollador
web. –Se hace el sorprendido a propósito para confundirnos.
‑¡No apagué la luz de la cocina!
Como me encierren verás tú la factura cuando salga del trullo –pensó de repente
el acusado.
viernes, 17 de mayo de 2013
Los cronómetros
"Phileas Fogg había dejado su casa de Saville Row a las once y media, y después de haber colocado quinientas setenta y cinco veces el pie derecho delante del izquierdo y quinientas setenta y seis veces el izquierdo delante del derecho, llegó al Reform Club (...)"
Así empieza el tercer capítulo de La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne, historia que he leído en libro y en cómic y que he visto en película y en aquella fantástica serie de dibujos animados de los años 80. De aquel personaje excéntrico y metódico llamado Phileas Fogg (aunque haya toda una generación de españoles que lo conozca como Willy Fog) me alucinaba su cronométrico estilo de vida, perfectamente resumido en la cantidad exacta de pasos que necesitaba cada día para llegar desde su casa hasta el Reform Club, donde pasaba todo el día.
Quizá por ese recuerdo que tengo del personaje, he llegado a darme cuenta de que en nuestra vida diaria quizá llegamos a ser tan milimétricos como él. Como más se nota esto es en el camino diario al trabajo por las mañanas, cuando casi tenemos tasado cada movimiento que hacemos, cada cepillada de dientes e incluso el tiempo que esperamos al ascensor para bajar a la calle.
En Valencia, durante años me he cruzado con las mismas personas por el mismo tramo de calle, todas las mañanas. Si estaba unas semanas de vacaciones o nueve meses destinado en Castellón, a mi vuelta a las rutinas diarias por las calles de Benimaclet (echo mucho de menos mi barrio valenciano) camino del trabajo, me volvía a encontrar con esas personas que llevaban a sus hijos al colegio por la acera de Doctor Zaragoza, a los vendedores del mercadillo de los viernes en la calle Reverendo Tramoyeres montando la misma parte de estructura de su puesto, y a los empleados de las oficinas de los bajos de la calle Guardia Civil.
Y al saber que seguían allí, al ver que cada mañana los volvería a ver, y que a pesar de haber estado semanas o meses fuera, lejos de ese entorno tan familiar, tan "de siempre", la vida seguía igual en apariencia, me sentía reconfortado. Me tranquilizaba ver que las referencias que tenía en mi camino diario no habían mutado, y que podía retomar mis paseos donde los había tomado. Sabía que era capaz de retomar y mantener las rutinas que tenía tiempo atrás en casa, desde que me levantaba hasta que salía por la puerta de casa.
Ahora la vida, la crisis o las exigencias del mercado me han traído a Madrid, a recorrer un camino diario mucho más largo, con más semáforos, más posibles imprevistos, a vivir a un piso más alto con un ascensor más lento y que puede ser interceptado por más vecinos. Sin embargo, me he sorprendido al comprobar que sigo manteniendo la precisión en el recorrido al trabajo.
Me levanto todos los días a la misma hora (7:45), y según lo que estén diciendo en la radio en cada momento (si están con el tráfico en Madrid, terminando los deportes, o haciendo el anuncio de los electrones,...) sé si voy con retraso o adelanto. Y una vez que he apagado la radio y salgo hacia la calle, llamado al ascensor a las 8:00, en mis rutinas sé que cronométricamente:
- he de encontrarme al portero metiendo los cubos de basura al portal,
- veré a las camareras del Tubo 33 sacando las sillas a la terraza,
- me cruzaré en Clara del Rey con una chica que me recuerda a la hermana de Silvia,
- me toparé a mitad de María de Molina con el calvo de mirada gris y traje oscuro que lleva unos auriculares enormes,
- aparecerá la chica de la bicicleta y pañuelo a modo de mascarilla cruzando la calle Velázquez a la altura de López de Hoyos,
- estará el tipo que me recuerda al padre de José Juan en el semáforo de la Castellana,
- en la esquina con General Martínez Campos aparecerá la rubia alta de mirada tranquila y bien vestida,
- en la calle Miguel Ángel estarán los mismos adolescentes cruzando el semáforo junto a la Dirección General de la Policía,
- a lo largo de Rafael Calvo se suceden la señora paseando a un perro feo (cuya raza no me importa en absoluto), unos niños de aspecto aristocrático y repelentemente peinados, vestidos con sus uniformes escolares, un padre en mono azul cobalto de trabajo con sus dos pequeños de la mano, un par de utilitarios con matrícula roja del servicio diplomático avanzando por el último tramo de calle, y
- se marcarán las 8:33 en la máquina de fichar cuando le paso la tarjeta al entrar en la oficina.
Es raro el día que no se cumple milimétricamente este programa y que los semáforos no se abren y cierran al ritmo de mis pasos. A veces me asusta.
Y además, le saco 8 minutos al Google maps (que tampoco cuenta el minuto y pico de espera de ascensor y llegada al portal).
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