viernes, 19 de marzo de 2021

CONCURSO "UN RELATO PARA LA RADIO" (Quincena XV: Ella ya sabe quién le llama)

 


A continuación podéis leer, por orden alfabético a partir del primer relato recibido esta quincena, las obras presentadas en la 15ª edición del concurso de microrrelatos que he organizado para mi sección de cada dos martes en Radio Elche: Libros y música para un paseo en Vespa.

Pedí por las redes y a través de la web MeetUp y mi Facebook que se me envíen microrrelatos que comiencen con la frase «Ella ya sabe quién le llama», frase con la que terminaba el relato ganador de la quincena anterior.

Una vez finalizado el plazo de recepción, es cuando los hago públicos en este blog y pido a los propios autores que valoren los relatos del resto de participantes y puntúen los tres que consideren más completos, con 3, 2 y 1 puntos. Tienen que enviar su veredicto a mi correo electrónico (dareces@gmail.com) para que cada uno de ellos realice su votación sin saber cómo están votando los demás.

Además, el resto de lectores también podéis votar de la misma forma que los autores (3 relatos con 3, 2 y 1 puntos). Vuestras preferencias servirán para que, en caso de empate entre dos relatos, elegir la obra ganadora. Ya hemos tenido que recurrir dos veces de cuatro al voto del público.

El relato ganador será leído en la sección de radio de la semana siguiente y su frase final será la de comienzo de los relatos de la próxima semana.

Además, el autor/a del relato ganador se lleva de regalo un paseo en moto, de Scootatrip.

Tenéis de plazo hasta el lunes 22 de marzo a las 14 horas para enviar las puntuaciones a mi correo electrónico (dareces@gmail,com). El relato ganador será leído el martes 23 de marzo en el espacio Libros y música para un paseo en Vespa de Radio Elche, sobre las 13:45 del mediodía.

¡Suerte!


ACTUALIZACIÓN 1: Una vez finalizado el plazo de votación, incluyo las ilustraciones sugeridas y los nombres de los autores y autoras.

ACTUALIZACIÓN 2: Una vez desvelado el resultado en Radio Elche, ordeno los relatos de menor a mayor puntuación.


PURA LÓGICA, de Paquita Márquez.

Ella ya sabe quién le llama y lo que le dirán. No sé por qué se empeñó en que pidiera una segunda opinión… Me sentía fatal porque sabía cuánto deseaba un hijo. Pero estaba claro, no sé cómo no se daba cuenta si es ella la que siempre se queja de que nací cansado, de que cuando llego a casa, me repantingo en el sillón y ni con espátula me despego de él mientras ella no para de trajinar… De que, fuera del trabajo, no doy golpe…

Espermatozoides escasos, lentos y perezosos, diagnosticó el médico. Estaba claro: mis soldaditos, pocos y holgazanes.

Si se veía venir…


LA LLAMADA (1), de Américo Fojo.

Ella ya sabe quién le llama y trata de escaparse, escurrirse entre las plantas del jardín.

Es muy hábil para hacerse transparente pero la voz es obstinada y repite su nombre en alta voz.

No, no es justo que tenga que encerrarse en el hastío y la monotonía.

¡¡Mariela...Mariela...que viene la noche...y no has hecho la tarea!!


INSOMNIO, de María José Peña.

Ella ya sabe quién le llama, o eso quería pensar, desde la última vez que lo vio hacia ya más de dos semanas, sentía una intranquilidad que no la dejaba dormir. El insomnio había vuelto, la sensación de que algo no iba ben, pero no sabia qué.

Después de unos días de angustiosa ausencia y el insomnio haciendo mella en sus ojos, se dio cuenta de que no sabía lo importante que era respirar hasta que le faltó el aire, y ella no sabía lo que le necesitaba, hasta que dejó de respirarle.

Y entonces, al ver que el teléfono no sonaba, supo que era él.


UN ÁNGEL CAÍDO, de Inés Ruiz García.

Ella ya sabe quién le llama. Está sola en aquella habitación oscura, el teléfono suena y siempre es la misma persona: Tyler. Ese nombre se repite en la pantalla una y otra vez y sabe porqué: está preocupado. Está cansada de todo, no quiere hablar con nadie, así que apaga el teléfono y todo se queda en silencio. Está sola como siempre lo estuvo, su vida es un completo desastre. Sus amigas, sus notas…todo empeora. Solo quiere cerrar los ojos y que todo acabe. Ha robado las pastillas de su madre, las mira dudando, pero no lo piensa más. Por fin descansará. Dormirá para siempre.


MACH 1, de Patricia Rodríguez.

Ella ya sabe quién le llama

Tres tonos. Silencio.

Dos tonos. Silencio.

Un tono. No lo coge.

Tiene que salir de allí rápidamente por lo que se apresura. Mete en una bolsa lo imprescindible: una muda sin estrenar, un vaquero y dos camisetas (siempre le gustó dormir desnuda así que no hay pijama ni camisón). Coge su pasaporte, el dinero que esconde en el reproductor de DVD y baja las escaleras de dos en dos hasta el garaje.

Corre hasta el coche y arranca.

El teléfono suena de nuevo

Acelera, supera la barrera del sonido, ganando a la noticia que viaja en forma de onda sonora.


LA MANO IZQUIERDA LIMPIA LA DERECHA, de Narcís Ibáñez.

Collage SSAPINA

Ella ya sabe quién le llama… medianoche en punto, debe saltar de la cama y bajar a la calle siguiendo las instrucciones que le dicta esa voz metálica, cada vez una dirección diferente, coge el paquete que está en…y llévalo a… sin saber el contenido obedece. ¡esta vez será la última!

Davidiana, tiene pavor a esa voz, sigue las instrucciones telefónicas a «rajatabla» continua por necesidad económica, es un sin vivir, maldita la hora en que dijo sí, a esa forma de ganar dinero fácil, ¿eso creemos la mayoría? Cuándo nos ofrecen asuntos ilegales.

Acostumbrada a todo tipo de paquetes quedó patidifusa al ver el bebé.


LA LLAMADA (2), de Raquel Zaragoza.

Ella ya sabe quién le llama. No puede verla, pero reconoce muy bien su voz. Además, solo su madre continúa llamándola «Carmencita».

Es un túnel largo, frío y oscuro. Carmen avanza por él, despacio, resiliente. De repente se sobresalta. «El vacío» la precipita al túnel inferior que, con una luz blanca, le anuncia que está próximo el final del recorrido. Aunque no tiene miedo, se detiene al escuchar, de nuevo, la llamada:

¡Carmencita, por favor, vuelve! ¡No me dejes, te necesito! le implora.

Con estas palabras, su madre la sujeta bien; para que no caiga, para que siga viva.


LA SOLEDAD, de Américo Fojo.

Ella ya sabe quién le llama y lentamente, cierra la puerta de su habitación y atiende el teléfono.

Una ceremonia, un ciclo infalible de su vida que se repite cada tarde y como cada tarde, sabe que no habrá palabras.

Ella recuerda la primera llamada cuando no obtuvo respuesta y solo escuchó, angustiada, un jadeo ansioso y febril; con furia cortó de golpe.

Los días siguientes fueron terribles, acongojantes; de nada valieron gritos, insultos, ruegos, llantos y maldiciones; finalmente optó por no hablar y fue tiempo de silencios compartidos.

Pero hoy, ella ha decidido y antes de cortar, dice:

Hasta mañana…


EN SILENCIO, de América Martín.

Ella ya sabe quién le llama, y sus ojos vidriosos se iluminan. La tarde es cálida y la brisa marina refresca la habitación. Sobre la mesita cuelga un rosario desgastado y varios frascos vacíos. Con dificultad el aire entra y sale de sus pulmones y un silbido casi imperceptible inunda el ambiente hasta saturar de colores la inmensa quietud del ocaso. Los primeros amigos y familiares llegaron buscando cada uno su lugar, en silencio. Sonó de nuevo el móvil y su corazón se detuvo. La puerta se abrió de par en par y al unísono todos gritaron

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

soltando los globos de colores...


LIBERTAD, de Raquel Zaragoza.

Ella ya sabe quién le llama. Tres tonos, tan solo tres tonos, ni uno más; con eso le basta para saber que su hijo sigue vivo.

Aventurero, rebelde, perfeccionista, Juan está exiliado por no acatar las reglas, las limitaciones, por negarse a ser uno más…

Cansado de «graznar para comer y de comer para graznar»; quiso superarse, huir de la mediocridad. Y para cumplir su sueño, se escapó en busca de su «LIBERTAD».

Tres tonos, tres tonos, y un suspiro; el de su madre. Solo ella sabe que Juan sigue vivo, continúa volando libre…, por algún lugar.


CELOS INFANTILES, de Paquita Márquez.

Ella ya sabe quién le llama; seguro que es la directora advirtiendo a su padre que está expulsada indefinidamente y que “se atenga a las consecuencias”, como dijo aquel cabreadísimo señor del museo. ¡Cómo se puso por aquel jarrón tan viejo que se llamaba Ming! ¿A quién se le ocurre ponerle nombre a un jarrón? Se hizo añicos en la cabeza de Marina, sí, pero es que Marina le dio un beso a Jorge delante de sus narices, y ella no tuvo más remedio que atizarle con lo que tenía a mano. Además, el golpe no fue para tanto, ni siquiera le salió sangre…


AMOR CELESTIAL, de América Martín.

Ella ya sabe quién le llama, y lentamente asoma su cara y se ilumina. Ella es su complemento y su guía cuando el sol se va, y entre las dos evocan los más hermosos poemas y recuerdos de amor en esta faz terrenal. Sobre ella pesa el karma de su lado oscuro... Sobre la otra, todo es oscuridad. Ella brilla a su lado, y hace que la presencia de ambas sea una oda al amor, pero a veces se escabulle y durante el día se deja ver sola, sin su compañera... ¿Por qué me traicionas? Le reclama la noche oscura a la pícara luna llena...


DEDUCCIÓN Y DESACIERTO, de Silvia Espina.

Ella ya sabe quién le llama con esa obstinación.

Una hora tras otra, un día tras otro, como un alma en pena necesitada de consuelo o ayuda.

Pero ella piensa: ¡no está mal que sufra un poco más!

Cuando por fin decide atender esa llamada, era otra voz. Las lágrimas no consiguen aliviar su dolor ni su remordimiento.

Ella solo quería sentirse necesitada.


SOY YO, de Rosa García Panera.

Ella ya sabe quién le llama, pero sigue caminando como si no le hubiera oído. Siente un escalofrío ¿qué hago? se pregunta, quisiera parar, darse la vuelta y mirarle a los ojos para ver los suyos y después dejarle hablar para que la convenza y se abracen. Pero no para porque aún no olvida que se fue hace tiempo y la dejó sola, que le dijo que volvería y no lo hizo y que, aunque le han dicho que no, aún piensa que si se fue tal vez fue culpa suya.

¡Sonia, Sonia! soy yo... papá



Y en el podio tenemos, en el tercer escalón, con 7 puntos los dos relatos de Marcelo Celave:

INTENTANDO ARREGLARLA

Ella ya sabe quién le llama, haga el favor de pasarme.

Compréndame señor, si usted no me dice quién es, yo no le puedo pasar.

Si yo le digo quién soy, ella no va a querer ponerse.

Deduzco entonces que ella no quiere hablar con usted específicamente.

Bueno, técnicamente podría no ser una cuestión personal y que en realidad no quiera hablar con todo el colectivo al que pertenezco o a la institución que represento.

Si es así, lo siento señor, intentaré pasarle… al menos dígame a qué colectivo pertenece.

Al de hijos que catearon Matemáticas y le hicieron un abollón al coche la madrugada pasada.


A VUELTAS CON LA PARCA

Ella ya sabe quién le llama, perfectamente…

Cuando llego, no sé cómo se las arregla con su escaso pelo blanco, sus manos desnudas de carne, el respirador, las sondas, el monitor que la gobierna… pero me coge de la mano y me lleva a sus 15 años.

A un pueblo mediterráneo, una tarde cálida de vendimia, su piel tostada, su cabello moreno, sus ojos vivaces… y Antonio que la espera con un ramillete de azahares en el zaguán.

Y claro… así me olvido de mi misión. Otra vez regreso al reino con mi túnica y mi hoz de vara larga pensando:

Mercedes, mañana sí o sí.



La plata es, con 8 puntos para:

LIBERACIÓN, de Paquita Márquez.

Ella ya sabe quién le llama continuamente la atención, pero va listo. ¿Qué pretende ese Gruñón impertinente, que sea ella la que lo haga todo solo porque es una chica? ¡Ni hablar! Si quieren ropa limpia, que se la laven; si quieren comidas caseras, que se las hagan; si quieren casa decente, que se arremanguen. Bastante tiene ella con aguantar el bullying al que la tienen sometida esos enanos acosadores.

En cuanto aparezca la bruja de las manzanas envenenadas, se queda con todas, les hace una tarta y que se duerman. Y que esperen al príncipe, a ver si los despierta. Ella, definitivamente, deja el cuento.



Y el primer puesto de esta quincena, con 9 puntos, para la campeonísima Raquel Zaragoza con:

718-A

Ella ya sabe quién le llama. Lo sabe, aunque al atender la llamada nunca reciba respuesta.

Lo sabe, aunque él no pronuncie ni una sola palabra. Le reconoce por su respiración jadeante, agitada… Lo sabe porque siempre llama a la misma hora.

¡A las tres de la madrugada!

Después de un intenso día de trabajo, Blanca está cansada, pero acude rauda para impedir que siga llamando.

Gregorio, por favor, suelte ya el timbre. Le regulo el oxígeno, y enseguida le pongo la cuña. ¡Va a despertar a toda la planta! —le regaña la enfermera, sin perder la sonrisa.

viernes, 5 de marzo de 2021

CONCURSO "UN RELATO PARA LA RADIO" (Quincena XIV: Al instante, cesaron las risas)

 

A continuación podéis leer, por orden alfabético a partir del primer relato recibido esta quincena, las obras presentadas en la 14ª edición del concurso de microrrelatos que he organizado para mi sección de cada dos martes en Radio Elche: Libros y música para un paseo en Vespa.

Pedí por las redes y a través de la web MeetUp y mi Facebook que se me envíen microrrelatos que comiencen con la frase «Al instante, cesaron las risas», frase con la que terminaba el relato ganador de la quincena anterior.

Una vez finalizado el plazo de recepción, es cuando los hago públicos en este blog y pido a los propios autores que valoren los relatos del resto de participantes y puntúen los tres que consideren más completos, con 3, 2 y 1 puntos. Tienen que enviar su veredicto a mi correo electrónico (dareces@gmail.com) para que cada uno de ellos realice su votación sin saber cómo están votando los demás.

Además, el resto de lectores también podéis votar de la misma forma que los autores (3 relatos con 3, 2 y 1 puntos). Vuestras preferencias servirán para que, en caso de empate entre dos relatos, elegir la obra ganadora. Ya hemos tenido que recurrir dos veces de cuatro al voto del público.

El relato ganador será leído en la sección de radio de la semana siguiente y su frase final será la de comienzo de los relatos de la próxima semana.

Además, el autor/a del relato ganador se lleva de regalo un paseo en moto, de Scootatrip.

Tenéis de plazo hasta el lunes 8 de marzo a las 14 horas para enviar las puntuaciones a mi correo electrónico (dareces@gmail,com). El relato ganador será leído el martes 9 de marzo en el espacio Libros y música para un paseo en Vespa de Radio Elche, sobre las 13:45 del mediodía.

¡Suerte!


ACTUALIZACIÓN 1: Una vez finalizado el plazo de votación, añado la autoría de cada relato.

ACTUALIZACIÓN 2: Una vez finalizado el recuento y desvelado el resultado en Radio Elche, ordeno los relatos de menor a mayor puntuación.



EL MADDENS, de Rosa García Panera.

Al instante, cesaron las risas. Se subió a una mesa y lo repitió de nuevo: ¡Ha habido un atentado!

El Maddens era, los viernes, el lugar de reunión para los hombres del pueblo, tomaban unas pintas de cerveza y hablaban de las novedades. Todo estaba permitido menos la política. Por eso todos enmudecieron.

Como siempre que había un atentado Delaney recordó la muerte de su hermano. Iba a casa cuando se cruzó con Bourke, que se tambaleaba al caminar: demasiada cerveza, pensó. Siempre habría muertos que vengar, pero aquella no era noche de encuentros en la oscuridad. Ni de erigirse en Juez.


CONSPIRACIÓN, de Mari Bastida.

Al instante, cesaron las risas al verse traicionados.

Los nobles juraron lealtad al señor de las tierras, sin embargo, en sus corazones albergaban un profundo desprecio. Deseaban reemplazarlo y arrebatarle todas sus propiedades.

Con gran astucia se ganaron su confianza, adquiriendo cada vez más parcelas de poder, pero nunca se daban por satisfechos. El señor, para mantener la paz, cedía a todas sus peticiones.

Mientras tanto, los nobles, incitaban al pueblo en su contra prometiendo repartir todo con ellos.

Una noche, las masas enfervorizadas asaltaron la fortaleza y le dieron muerte. Cuando fueron a reclamar lo prometido, los nuevos amos ordenaron encerrarlos en las mazmorras.


METAMORFOSIS, de Martina Arreaza.

Al instante cesaron las risas. Os presento a la nueva Jefa de Recursos Humanos.

¡Allí estaba ella! pletórica, radiante y bella.

Era la que siempre llamábamos la fea, la torpe y nos reíamos de ella. ¡No dábamos crédito a nuestra visión!


EFECTO SECUNDARIO, de América Martín.

Al instante, cesaron las risas cuando se oyó...

¡No conozco ningún hombre!... Y puedo estar equivocada, lo he estado mil veces, pero no moriría ni mucho menos mataría por mis creencias, señor juez.

La sala efervece en comentarios que habrían escandalizado al mismo San Pedro.

Nunca traicionaría mis creencias porque van ancladas en mi cerebro y no en mi útero. En la senda de mi vida las llevo solo para protegerme y proteger.

¡Bruja! ¡Farsante! Se potenciaban al unísono las voces ante la acusación del infanticidio.

La certeza de los hechos merodeaba seguramente una inmensa tragedia muy común en estos tiempos.


ESPACIO TIEMPO, de Narcís Ibáñez.

Ilustración/Collage: SSAPINA

Al instante cesaron las risas lloviendo lágrimas de olor ácido, dejando surcos en la piel, como pegamento, desde donde surgían palabras habladas en ese espacio y éstas, se adherían a nuestros cuerpos, el fraseo empezaba en uno y terminaba en el otro, fuimos lienzos en movimiento. Viviendo el amor cómo la eclosión de un manantial surgido en nuestras mentes, nos habíamos encerrado tirando la llave por la ventana. ¿Éramos tan jóvenes? El clímax nos invitaba a bailar pegados desde el escalofrío del sudor húmedo, disfrutándolo, convulso el pulso y el ritmo con la respiración sosegada, cegados por la intensidad del amor alcanzado… entre los tres.


LEVIATANES, de Marcelo Celave.

Al instante cesaron las risas en la playa.

Empezaron a salir del agua cientos de humanoides con piel de escamas y ojos a los costados de sus cabezas. Sus poderosas piernas se movían con rapidez y armonía.

De pronto, comenzaron a proclamar a los que allí estábamos disfrutando de un día de playa:

Somos Leviatanes, buscamos gente que quiera vivir en un mundo más justo, verdadero, sin cirugías estéticas, ni hipotecas, ni facebook, ni cayucos... Les procuramos una conversión inmediata al sistema bronquiacuático. Solo se exige: tener imaginación…

Aquello fue impactante, antes que se pusiera el sol, miles de jóvenes caminaban silenciosamente hacia el mar.


SORDERA, de Raquel Zaragoza.

Al instante, cesaron las risas exacerbadas, las noticias y los llantos…

Como por obra de magia, todo quedó enmudecido. Cerré los ojos para disfrutar del anhelado silencio; pero al abrirlos advertí que me había quedado ¡sordo!

Para mí la sordera era una bendición. Sin embargo, muy a mi pesar, me llevaron a un centro especializado; allí, después de un exhaustivo examen, el doctor dictaminó que se trataba de una extraña patología psicosomática: «No hay sordera más profunda que la del que no quiere oír» me diagnosticó felicitándome.

Al salir a la calle escuché a los pajaritos cantando.


CATAPLEXIA, de Raquel Zaragoza.

Al instante, cesaron las risas y se desvaneció…

Se lo juro, Señoría, soy inocente. Yo no maté a don Samuel.

» Pues verá su Señoría, entré en su despacho y le recordé todos los años que llevaba trabajando para él. Después, le pedí un aumento de sueldo; y… que me pagara las horas extra; y… que me dejara amamantar a mi bebé en el trabajo.

» Fue entonces, al escuchar mis palabras, cuando empezó a reírse de forma tan exagerada que le faltó el aire y se desmoronó.

» No fui yo, Señoría. Él solito… se murió de risa.


MIGRANTES, de Paquita Márquez.

Al instante cesaron las risas; en cuanto los vieron acercarse. Cabezas rapadas, esvásticas negras tatuadas en brazos desnudos armados de bates.

Tras la paliza y los insultos, se lamen las heridas y recogen los exiguos restos de la compra desparramada y los de su orgullo magullado y dolorido.

El corrillo de gente que lo ha presenciado todo, se desperdiga por las aceras cuando se oye la sirena de la policía. De nada habían servido las voces de protesta de algunos.

¿Denunciamos esta vez?

No, hoy no. Nos están esperando los niños… Tal vez la próxima.


PADRE, de Silvia García Blasco.

Al instante, cesaron las risas. Nadie se atrevía a romper el silencio. Conteniendo la respiración esperaban que él hablara. Nunca se hablaba antes que Padre.

Nunca.

¿Tú te atreves a faltarme al respeto? ¿Quién te has creído que eres para cuestionarme? La gente como tú no tiene voz en esta familia –dijo por fin.

¿Qué «gente»?: ¿Los independientes?¿Los justos? –espetó.

Lo sabes perfectamente: las MUJERES ‒contestó escupiendo la palabra.

Despacio, colocándose detrás de él, empujó su silla hasta llegar al borde de las altas escaleras.

¡Ayudadme! ‒suplicó.

Ninguna hizo nada por Padre. Ver aquel terror en sus ojos las liberaba.


LA NUEVA, de Américo Fojo.

Al instante, cesaron las risas y los hombres regresaron a su puesto, siguiendo de reojo los movimientos de la nueva: nunca en el taller habían contratado a una mujer operaria.

Se escuchó un último mensaje, irónico y anónimo:

«¡¡Nena…sin jugar a las muñecas…a ver si das la talla…!!»

El calor agobiante hizo que comenzaran a trabajar en camiseta; maliciosamente miraban a la nueva; quedaron perplejos: una profunda cicatriz cruzaba su espalda.

Muchos tenían las mismas heridas, sabían qué sucedía cuando una tubería de acetileno se partía.

En el descanso, el mejor soldador del equipo, ofreciendo su diestra le dijo:

«¡Bienvenida compañera!»


¿SINCERIDAD?, de Paquita Márquez.

Al instante cesaron las risas y otra vez se reflejó en el espejo mi cara de desaliento. Y otra vez a pasar por el retoque. ¡Adiós definitivamente a mi plan de pensiones! Pero, ¿qué más puedo hacerme? ¡Si me veo perfecta!

El gesto, tengo que trabajar el gesto. Cara alegre, de sorpresa, ingenua, pícara, provocativa… Nada, no es el gesto.

¿Será mi aspecto moderno? Me disfrazo de guapas históricas: Nefertiti, Cleopatra, Helena de Troya…; de guapas pintadas: Simonetta Vespuchi, Lisa Gherardini, María Calderón…; de guapas de cuento: Cenicienta, Bella, Ariel… Tampoco.

No hay manera, cada vez que le pregunto, la más guapa es Blancanieves.


EL VAGABUNDO, de Silvia Espina.

Al instante, cesaron las risas, al unísono con el último estertor del vagabundo.

Lo atacaron de forma salvaje y cobarde, simplemente por no pertenecer al patrón perverso en que sus vidas estaban sumidas.

Ellos pensaban que estaba de su lado, pero ya sabré que hacer con el vídeo que llevo en el bolsillo de mi chaqueta.



El podio de esta quincena queda de la siguiente manera.

En tercera posición, con 8 puntos, el bronce es para

DETALLES, de Paquita Márquez.

Al instante cesaron las risas provocadas por aquel vídeo tan gracioso que sacó mi padre el día del aniversario. Era nuestro décimo aniversario.

Y ahí estamos todos, unos poniendo caritas graciosas y otros mirándolas y riendo a carcajadas, esas carcajadas que nos hacen echar la cabeza hacia atrás para que las risas salgan rotundas y claras. Me acabo de fijar en algunos detalles que antes me pasaron desapercibidos: el beso furtivo de mi primo a su novia, la tierna sonrisa que la abuela le dedica al abuelo o el roce de manos de mi hermana y mi marido… y sus miradas cómplices…


En segunda posición, con 10 puntos, tenemos la plata para

INSOLENCIA, de Raquel Zzaragoza.

Al instante, cesaron las risas

Después de pasar un tiempo de cara a la pared por sus ofensivas carcajadas, me dio pena y le levanté el castigo.

Voy a darte otra oportunidad. Piénsate bien la respuesta le dije con voz severa.

Me acerqué frente a él y, mostrándole la más seductora de mis sonrisas, le pregunté:

Espejito, espejito ¿hay alguien más guapa que yo?

Tras un tortuoso silencio, devolviéndome una imagen deteriorada, el espejo volvió a reírse; y lo hizo de una forma tan histriónica que se hizo añicos. El muy insolente… ¡Se partió de risa!


Y ganador de la quincena con 16 puntos:

LAS CUATRO ABUELAS

Al instante, cesaron las risas y tres pares de ojos miraron atónitos a Carmen, cuando dijo a media voz, como si hablara consigo misma:

El otro día llamé al amor de mi vida por teléfono, y cuando atendió, corté rápido…me hizo bien saber que no murió aún.

El juego de cartas quedó olvidado y las tres amigas preguntaron consternadas:

¡Pero Carmen, qué dices! ¿el amor de tu vida? ¿una aventura a tu edad? ¿y por qué cortas antes de hablar?

No hace falta hablar…ella ya sabe quién le llama



viernes, 19 de febrero de 2021

CONCURSO "UN RELATO PARA LA RADIO" (Quincena XIII: Yo le creía)

 

A continuación podéis leer, por orden alfabético a partir del primer relato recibido esta quincena, las obras presentadas en la 13ª edición del concurso de microrrelatos que he organizado para mi sección de cada dos martes en Radio Elche: Libros y música para un paseo en Vespa.

Pedí por las redes y a través de la web MeetUp y mi Facebook que se me envíen microrrelatos que comiencen con la frase «Yo le creía», frase con la que terminaba el relato ganador de la quincena anterior.

Una vez finalizado el plazo de recepción, es cuando los hago públicos en este blog y pido a los propios autores que valoren los relatos del resto de participantes y puntúen los tres que consideren más completos, con 3, 2 y 1 puntos. Tienen que enviar su veredicto a mi correo electrónico (dareces@gmail.com) para que cada uno de ellos realice su votación sin saber cómo están votando los demás.

Además, el resto de lectores también podéis votar de la misma forma que los autores (3 relatos con 3, 2 y 1 puntos). Vuestras preferencias servirán para que, en caso de empate entre dos relatos, elegir la obra ganadora. Ya hemos tenido que recurrir dos veces de cuatro al voto del público.

El relato ganador será leído en la sección de radio de la semana siguiente y su frase final será la de comienzo de los relatos de la próxima semana.

Además, el autor/a del relato ganador se lleva de regalo un paseo en moto, de Scootatrip.

Tenéis de plazo hasta el lunes 22 de febrero a las 14 horas para enviar las puntuaciones a mi correo electrónico (dareces@gmail,com). El relato ganador será leído el martes 23 de febrero en el espacio Libros y música para un paseo en Vespa de Radio Elche, sobre las 13:45 del mediodía.

¡Suerte!

ACTUALIZACIÓN 1: Una vez finalizado el plazo de votación añado el nombre de los autores y autoras.

ACTUALIZACIÓN 2: Una vez desvelado el resultado en Radio Elche, ordeno los relatos de menos a más puntuación.


ME UTILIZÓ, de África Estrella.

Yo le creía, porque siempre fue muy honesto. Muy respetuoso. Jamás se propasó conmigo.

Hablaba de lo felices que seriamos con la familia que íbamos a formar. Me prometía tantas cosas...Yo, tocaba el cielo. Era tan dulce...

Aquel día estaba serio. Dijo que quería contarme un secreto.

Yo soy gay me dijo. Quería asegurarme de mi inclinación sexual, por eso decidí probar con una mujer.

Me has utilizado. Me alegro por ti si has conseguido tu objetivo, pero no imaginas el daño que me has hecho

Entonces comprendí muchas cosas.


LOCURA DE AMOR, de Mari Bastida.

Yo le creía, ¿cómo dudar? ¡Él era mi vida!

Luego todo cambió. Nuestros sueños se diluyeron, solo quedaban palabras huecas y excusas vacías. Perdí la fe cuando se marchó, pero me hice más fuerte al sanar las heridas.

Pasado un tiempo volví a verle, había desmejorado, ¿Acaso me echaba de menos? Un destello en sus ojos parecía suplicarme perdón.

En nuestra última cena le dije que lo sabía todo. ¿Tenía que ser con mi mejor amiga? A ella también la invité. Bastaron unos cuantos somníferos y fuertes cadenas.

Subí las escaleras del sótano y cerré la trampilla. Jamás los encontrarán.


GUARDANDO LAS APARIENCIAS, de Paquita Márquez.

Yo le creía capaz de cualquier cosa, pero que a estas alturas me engañe con la vecinita del quinto, ¡es pasarse de la raya!

Vale que se tire al putón verbenero de la secretaria, o que ponga la excusa del trabajo para perderse algún fin de semana en el pisito que le puso a esa pelandrusca, o que se pase la tarde del domingo en el D´Angelo con la excusa del partido y vuelva a las tantas oliendo a lujuria, pero… ¿con la vecina del quinto? ¿Qué pretende, que yo sea el hazmerreír de la vecindad?

¡Ese idiota desaparece, no me queda otra!


EL CONSEJERO, de Rosa García Panera.

Yo le creía, era mi corazón y volvía a recordarme que debía cambiar, dejar a un lado la amargura y los días tristes, la vergüenza de sentirse feliz cuando el mundo giraba sin saber a dónde iba.

Mi corazón era insistente, siempre había sido mi mejor consejero y le había creído a menudo siguiendo el impulso de sus latidos.

¿Por qué no te perdonas de una vez?

Descolgué el teléfono, dudé y volví a colgarlo, finalmente me decidí y marqué el número que aún recordaba de memoria.

¡Diga!

Hola, soy yo...


14 DE FEBRERO, de Raquel Sepulcre.

Yo le creía,

tú le creías,

él le creía,

ella le creía,

nosotros le creíamos,

vosotros le creíais,

ellos le creían.

La verdad ya no importaba,

la política se había corrompido.


UN TRUCO ARRIESGADO, de Marcelo Celave.

Yo le creía. Por eso cuando pidió una ayudante, salté de mi butaca.

Me tomó de la mano y me introdujo suavemente en una caja de mimbre. A través del tejido veía al público abarrotando el teatro.

Una sierra comenzó a bajar rasgando la caja con sus púas destellantes. Tanto bajó, que comenzó a desgarrar mi vientre, brotando trozos de carne y sangre.

Desde la ambulancia vi al mago sollozante explicando que la sierra increíblemente ¡no había ido por las guías laterales!

Hoy, tras diez meses de rehabilitación salgo del hospital con un ramo de rosas: «De Merlín con amor».

Valió la pena.


ODISEA, de Raquel Sepulcre.

Yo le creía. Sus palabras dulces resultaban caricias embriagadoras para mis oídos de tal forma que cada uno de mis impulsos me hacía perseguirla deseando tenerla, poseerla, hacerla mía. Era magia en plena tormenta, un sinsentido desear un sonido tan en tu interior capaz de hacerte perder la cordura. Y quise seguirla, pero nadie me soltaba del mástil.


LAS CARICIAS PERDIDAS, de Ana Medina.

Yo le creía, cuando me decía que íbamos a pasear... Que subiríamos a las nubes y después alcanzaríamos la luna trepando por una escalera muy alta. Yo todo creía que pasaría, porque mi madre era la mejor persona del mundo. Ese día de mi cumpleaños yo soñaba con la promesa... ella me dijo que ese día no se encontraba bien.

La ambulancia se detuvo a escasos metros de la entrada. Dos hombres de blanco la subieron en una camilla. Ella gritando dijo: quizás mañana, te lo prometo, mañana subiremos a las nubes y abrazaremos la luna. Te lo prometo hija.


BESOS, de Ana Montesinos.

Yo le creía a pesar de ese temblor de labios y esa mirada baja que siempre ponía al hablar.

Llevaba tres días repitiendo la misma versión a cada uno de los que intentaron sacar algo en claro.

Estaban los dos solos, se fue la luz, se oyeron gritos y al encender la linterna del móvil, ella estaba tumbada sobre la alfombra y un charco de sangre comenzaba a extenderse llegando hasta la suela de sus zapatos.

La autopsia, las huellas, los hechos, todo apuntaba a él.

Le quité las esposas y le besé antes de huir en mi coche patrulla.


¡QUÉ IRONÍA!, de América Martín.

Yo le creía a mi madre cuando decía:

Tu hermana, la obediente y disciplinada, llegará lejos... pero a ti, ¡la letra no te entra ni con sangre!

Y pensé... ¿Se habrá ganado ella la lotería genética? Mientras yo fantaseaba con lujo, colores y moda.

Ahora, desde mi empresa en New York, cuando llamo a mamá:

¿Aún estás en la oficina hija? Mira que siempre te he dicho «debes distraerte».

Soy feliz respondo... pero su réplica me atropella.

¡Igual que tu hermana!

Finjo no haberla oído, mientras recuerdo a mi hermana planchando las camisas del marido.


INDAGACIONES, de Paquita Márquez.

Yo le creía capaz de cualquier cosa con tal de averiguar lo que le quitaba el sueño. Por eso mi marido se presentó en casa de los Adams, nuestros vecinos, con la excusa de una herramienta que necesitaba. Pero lo que de verdad quería era saber por qué el abuelo dormía en un ataúd durante el día, por qué la madre criaba renacuajos de sapo en el fregadero y, sobre todo, sobre todo, por qué la extraña cabeza del señor Adams, además de tornillos, tenía unos ojos, una nariz, unas orejas y una boca igualitos, igualitos que los de su difunto padre…


RUTINA DE JUEVES, de Patricia Rodríguez.

Yo le creía, primero porque era mi mejor amigo y segundo porque era el mejor oncólogo del país.

Supe que algo iba mal cuando fui a verle a la consulta y me recibió sin su característica sonrisa de mirada, me abrazó fuerte durante un buen rato y se puso a llorar.

Quise ahorrarle el mal trago y comencé a hablar yo.

¿Cuánto? le pregunté.

9% en el primer año gimió.

¡Ni de coña!, pienso multiplicarlo por diez para joderos la estadística.

Y riéndonos cerramos la puerta al salir para ir a comer juntos, como todos jueves.


CHEMA, de Silvia Espina.

Yo le creía a Chema, a pesar de ser un chico fantasioso y dado a las bromas pesadas.

Por eso, cuando apareció en la escuela con el cuento de que había encontrado una cría de zorrito abandonada, yo le creí.

Al final de clase, escapando de los amigos y entusiasmado por la aventura, lo seguí hasta el monte cercano.

¡Está allí, en ese hueco! -me dijo.

Temeroso pero convencido, acerqué la mano al orificio y en ese momento sentí el aguijonazo. Todo giraba a mi alrededor, me sentí desvanecer mientras que, como en sueños, oía resonar una risa mordaz, alejándose.


CIEGA, de Ana Montesinos.

Yo le creía ciegamente.

El ramo de flores era porque me amaba, no por sentirse culpable de haber estado en la cama retozando con otra la tarde anterior.

No olvidó mi cumpleaños, pero quería prepararme algo tan hermoso que no le dio tiempo a materializarlo ese día.

Los fines de semana quedaba con sus amigos de mañana a noche, le gustaba darme mi espacio, para dedicarme tiempo a mí misma.

Ciegamente le creía.

Me dejó en septiembre. Empiezo a abrir los ojos.


DESAJUSTES, de Paquita Márquez.

Yo le creía cuando me dijo que el mundo se estaba desajustando, que alguno de sus engranajes se había vuelto loco. Me pareció que debía ser verdad porque entre unas cosas y otras, la vida de la humanidad, en general, estaba como patas arriba.

Cuando me aseguró que todo se debía a los malévolos planes chinos para manipular el universo a su antojo, me pareció una locura, pero lo que terminó de convencerme de que estaba como una regadera, fue su absurdo empeño en arrancarles sus preciosas alas a las mariposas; decía que el efecto de su aleteo la estaba liando parda…


DESAPARECIDO, de Raquel Zaragoza.

Yo le creía mi compañero ideal. Tanto que, si la vida nos daba pie, siempre estaríamos el uno al lado del otro.

Siendo altos ejecutivos, nuestra función era cumplir con una apretada agenda.

Labor que, en ocasiones, resultaba asfixiante para alguien tan sediento de aventuras como él. Así que, en cuanto se le presentó la ocasión para perderse… ¡Se perdió!

A pesar de ello, nunca dejé de confiar en él. Por eso, decidí darle un tiempo, y esperar… hasta que la misteriosa máquina «teletransportadora», conocida como lavadora, lo trajese de vuelta.

Desde que apareció, …estamos enrollados… ¡Somos la pareja perfecta!


DESDE DENTRO, de Narcís Ibáñez.

Ilustración: SSAPINA.
Pintura/pantalla (fragmento): Manuel Pérez.

Yo le creía cuando veía su sombra galopar en la oscuridad frente a mí, siempre acomodados, sentados, la luz circular, cual cañón, salía de la nada, la sal en los labios. Entrelazados los dedos de la mano en medio del silencio y la sonoridad musical, exultante junto a mí chica. Entre ella y yo, surgían imaginarios volcanes de calor que ardían en sus pechos apenas acariciados, trémulos, atrapados entre las costuras de su blusa y los botones que tan hábilmente aprendí a soltar. Un beso de lado apasionado y profundo, daba paso a una luz de linterna en la cara.

Era el acomodador.


¡MALDITA SEA!, de Rosa García Panera.

Yo le creía, me juró que lo había dejado y que volvía a casa. Estaba asustada, era difícil olvidar lo pasado, su locura y sus mentiras. ¿Sería una más de sus idas y venidas? Yo solo deseaba que esta vez fuera la última.

Acabé creyéndole, incluso hablaba de volver al Instituto, necesitaba creerle así que dejé a un lado el miedo.

Entré en su cuarto, dormía plácidamente, me recordó a aquel niño bueno de antaño, iba a cerrar la puerta de nuevo cuando pensé que algo iba mal.

La jeringuilla aún pendía de su brazo enganchada a su vena. ¡Maldita sea!


OTRO TIEMPO, de Silvia Espina.

Yo le creía sus cuentos increíbles.

Con suave voz y sutil dejo asturiano, daba rienda suelta a su teatralidad y su imaginación.

Sentados a su alrededor, los chicos escuchábamos sus narraciones maravillosas, llenas de matices, que nos llevaban a mundos imaginarios y nos invitaban a adentrarnos en esa feliz fantasía infantil, sumidos en un estado de ensoñación que deseábamos fuese interminable.

Pero cuando en las frías mañanas me acompañaba a la escuela, tomados de la mano, el abuelo era solo mío.


Y el podio de esta quincena queda de la siguiente manera:

El bronce, con 5 puntos ha sido para:

LA NECESIDAD, de Américo Fojo.

Yo le creía a mi padre:

Neno, toma la mula y ve al muiño por sacos de harina.

¡Pai, soy pequeno, no podré!

Sin miedo fillo; si tienes problemas llama a la Necesidad, te ayudará.

Al regreso los sacos se vinieron a tierra y no pude levantarlos; comencé a gritar:

¡Necesidad, Necesidad!

Nadie apareció; desesperado frené la mula y esforzadamente logré subir la carga.

Al llegar a la finca, llorando, le dije a padre:

¡Pai, me has mentido, la Necesidad no me ayudó!

Neno, ¿cómo no? ¡¡Si has vuelto con los sacos de harina!!


Con 6 puntos, la plata es para:

EL HOMBRE DEL SACO, de Raquel Zaragoza.

Yo le creía capaz de todo, ¡hasta de matar!

Cuando corrió la voz de que el hombre del saco andaba merodeando por los parques, se extendió el pánico.

Por aquel entonces, yo era un adolescente barbilampiño, con poco miedo y mucha curiosidad…

¡Me quedé a cuadros! Persiguiéndole, descubrí que la saca contenía ¡libros!

Libros que, meticulosamente, colocaba en lugares estratégicos. Cada ejemplar iba acompañado de una nota; en ella se sugería que después de su lectura, lo dejaran en otro parque, en otra ciudad…

Al conocerse su propósito de incitar a la lectura… aumentó la preocupación.


Y tenemos empate a 11 puntos en el primer escalón del podio:

IGOR MALDUSKY, de Américo Fojo.

Yo le creía al tío Ceferino cuando me aseguraba que nuestra familia descendía de Igor Maldusky, un famosísimo genio científico, galardonado en Europa.

Con el paso del tiempo la importancia del antepasado aumentaba; según algunos había ganado el Nobel de Medicina.

Ayer lo busqué en Wikipedia:

«MALDUSKY, Igor: eminente científico nacido en Transilvania a fines del siglo 19. Realizó investigaciones sobre la longevidad y la prolongación de la vida más allá de los 120 años.

Por sus conclusiones la Universidad de Turingia lo nombró Doktor Vitae, título que le fue retirado, post mortem, cuando falleció de muerte natural a los 40 años.»


Y ganadora, pentacampeona gracias al voto de los lectores (6 puntos):

BÉCQUER, de Raquel Zaragoza.

Yo le creía «a pie juntillas» ¡Era mi abuelo!

Si me regalas una sonrisa, te hago un poema decía cuando me veía triste.

Luego, con voz pausada, recitaba…

«… ¿Qué es poesía?... Poesía… eres tú»

Me hizo sentir la protagonista de sus versos, hasta que un día…

¿Quién me dice qué es la poesía? preguntó la profesora.

Enseguida levanté la mano y, toda ufana, me apresuré a contestar:

¡¡¡Soy yo, señorita, soy yo!!! Me lo dijo mi abuelo.

Todos se rieron.

¡Mi abuelo era un hombre sabio, aunque no supiese leer ni escribir! grité en su defensa.

Al instante, cesaron las risas.



Fuera de concurso:

BERGERAC, de David Reche Espada.

Yo le creía más inteligente, más intelectual... No sé... Comprendan que es fácil subir las expectativas cuando eres un enamorado del amor. Además, en sus cartas que recibía cada viernes destilaba un rosario de referencias literarias y musicales, cinematográficas e históricas. Destellos que, junto al humor socarrón y la ironía sin concesiones que manejaba, me impactaron tanto que me declararé sapiosexual. Deseaba conocer aquella mente que desde la sección de breves del diario demandaba un compañero de tardes vitivinícolas y risas en el parque. Llegó el día y, cuando abrió la boca... Le pregunté por el Cyrano tras sus cartas.

No me entendió.



Aquí el programa de radio.