jueves, 26 de enero de 2017

RETO EN VESPA. MARRUECOS 2016: Fez - Errachidia

UN DÍA EN LA NIEVE




La travesía del Rif deja bien claro que Marruecos, por muy al sur que esté, no responde a la imagen tópica del desierto. Eso es algo que aprendes en la primera vez que cruzas el estrecho de Gibraltar en barco. En la jornada de hoy, en la que realmente llegaríamos a las puertas del Sahara, el mayor desierto seco del mundo; muchos de los participantes del Desafío en las Dunas, y primerizos en el país, iban a descubrir de nuevo otra realidad muy alejada de la imagen de dunas y oasis que podrían traer preconcebida.

Hoy sería el día de la Tormenta. aunque en este vídeo grabado antes de salir no tuviéramos la más mínima sospecha de lo que nos íbamos a encontrar.

Sí, sí... Quizá...

Pena que no recibiera el mensaje de mi amiga María, del equipo Corazones Solidarios«Nieva en Ifrane», hasta que llegamos allí mismo.

Ellos, junto con otros equipos sevillanos habían pasado la noche en esa estación invernal del Atlas Medio, 70 km al sur de Fez. Se trata de una población a la que llaman la Suiza de Marruecos, con sus casas de tejados inclinados a dos aguas en medio del bosque de cedros.

La primera vez que estuve allí fue en verano de 2010, en medio de una ola de calor, y la siguiente en marzo de 2013. En esa segunda ocasión hacía fresco y en la altiplanicie que hay más al sur vimos algo de nieve, pero nada preocupante. En la tercera, en abril de 2014, hacía un tiempo fantástico. 

¿Qué podía salir mal?

Tras el desayuno los primeros en iniciar el camino fuimos los Sas Pneumàtics y un servidor. Ellos me escoltarían y yo sería su guía. Habían reservado hotel al lado del mío en Errachidia, así que compartiríamos ruta hasta el sur del Atlas.

Como dos años antes, me despisté al salir de Fez, dos veces… Vaya guía. Al menos no fueron los 15 km de más de aquella vez, sólo un par de calles y en la rotonda de acceso al aeropuerto, que no estaba en aquella ocasión.

En los bulevares del sur de la ciudad nos pilló una lluvia constante que no cesó hasta pasada la variante del aeropuerto. A partir de ahí mejoró el tiempo. Delante de nosotros teníamos la larga recta de 10 km que sube ligeramente (poco más del 2%) hacia las primeras estribaciones del Atlas Medio. Al final de ese tramo, en el cruce donde está la primera barrera de nieve para cortar el tráfico en caso de temporal, siempre hay un control de la Gendarmería. Así que les lancé el saludo protocolario y ahora sí, hacia arriba. Eran otros 10 km hasta llegar a Imouzzer-Kandar.

Los cultivos del valle donde se encuentra Fez dan paso a bosques de cedros y aterrazamientos con olivos. Con este escenario fuimos serpenteando carretera arriba con una pendiente media del 4,5%. Aquí fuimos dejando atrás a muchos vehículos pesados y viejas furgonetas. A nuestra derecha, abajo en el valle, se veía a lo lejos la aglomeración urbana de Fez; y a nuestra izquierda las laderas desde las que descienden algunos ruiachuelos.

En esa ascensión ya se empezó a notar el frío. Imouzzer-Kandar está a 1.350 m de altitud, e Ifrane (25 km más allá) a 1.650 m. Este tercer tramo, mucho más suave, discurre en gran parte por un páramo sin vegetación, adelanto de lo que nos esperaba el resto del día.

Paramos en Ifrane para entrar en calor, tomándonos un té en el bar del hotel Chamonix, en la plaza donde está el León de Ifrane, uno de sus mayores atractivos. Aquí todo parece alpino: los bosques, las casas con tejados a dos aguas, muy inclinados, la limpieza de las calles, lo cuidado de los jardines, los esquíes apoyados en las paredes del bar. Era como si estuviéramos en un hotel que se quedó en la primera mitad del siglo XX, nada que ver con las sensaciones que tuve en el verano de seis años antes, en plena ola de calor.

Mientras me ponía alguna prenda de ropa adicional (no llevaba tantas capas desde el 10 de julio de 2012 en Cabo Norte) aparecieron los equipos sevillanos que habían pasado la noche en Ifrane. Nos tomamos con ellos un té caliente e intercambiamos impresiones de nuestros primeros días en Marruecos. Estos momentos siempre son muy agradecidos.

Y aquí recibí el mensaje de mi amiga María, advirtiendo de que nevaba...

Al salir del restaurante comenzaba a nevar, aunque con suavidad. ¡Qué contentos de ver algo así…!



Nuestra próxima parada era el cedro Gouraud, con fama de ser el más viejo y alto de Marruecos. Unos 3 km antes de llegar a Azrou sale a la izquierda una pista pavimentada y estrecha que con una pendiente media del 6,2% sube durante 4 km hasta los 1.750 m de altitud. Poco antes de llegar al lugar donde está el árbol, ya muerto pero mantenido como monumento nacional, unos mojones marcan la finalización del asfalto y el comienzo de una pista llena de baches y piedras de tamaño medio. Aquí ya no está permitida la circulación de turismos. Nosotros pasamos con las motos a hacernos las fotos de rigor bajo el cedro milenario y con los macacos que viven en estos bosques. En algunos rincones bajo los árboles se veía nieve acumulada, aunque había dejado de nevar cuando salimos de Ifrane.



A continuación nos quedaban otros 4 km por esa pista para llegar de nuevo a la carretera nacional. Sílvia y Tolo se adelantaron para disfrutar con su BMW de trail un poco más del camino, mientras que yo me las apañaba para sortear con las pequeñas ruedas de la Vespa el barro congelado y las piedras. El paisaje era hermoso.



En la campa que hay donde esta pista se encuentra con la carretera N13, cuando hace buen tiempo, suele haber turistas intentando intimar con los monos. Nosotros sólo nos encontramos a algunos lugareños esperando que apareciera alguien a quien venderles algo de artesanía. También había unos turistas españoles en un Golf que se me quedaron mirando con asombro: no todos los días ves aparecer a un tipo en Vespa por entre los cedros del Atlas Medio.

Les dije a Sílvia y Tolo que no era necesario que siguieran a mi ritmo cansino y que se dieran alguna alegría. Unos 25 km más adelante, al otro lado del alto de Habri, yo debería repostar en Timahdite, así que quedamos en vernos allí.

Un par de kilómetros después la carretera abandonó el bosque y me hallaba de nuevo en un páramo cubierto de una fina capa de nieve. Al llegar al alto (1.980 m) comenzó a nevar, así que paré a grabar el espectáculo, y de paso echar una meada.



Los paisanos del Golf pasaron en ese momento, y me los volví a encontrar al otro lado de un cambio de rasante, donde estaban esperándome para hacerme una foto. Me había convertido en la atracción de las inmediaciones…

Y el espectáculo empezó en ese momento. La nevada arreció y el viento comenzó a mover la nieve sobre la carretera. Se me empañaba la visera del casco, entonces la subía, pero los copos de nieve me golpeaban la cara y me llenaban las gafas de agua, con lo que volvía a quedarme a ciegas. Intentaba solucionarlo quitándomelas, pero para protegerme los ojos del golpeo de la nieve, bajaba la visera interior oscura, la que protege del sol. Y lo veía todo negro en mitad de aquel paisaje blanquísimo. Por fortuna apenas me crucé con unos pocos vehículos en los 10 km durante los que tuve que lidiar con la ventisca en esas condiciones.

En Timahdite, aún a 1.820 m de altitud, ya no había tormenta aunque seguía haciendo frío. Sílvia y Tolo se quedaron de piedra al verme aparecer. La nieve que se había ido acumulando en mi pecho se convirtió en hielo. Jamás me había visto en una de éstas.



El siguiente reto era cruzar el Col du Zad, uno de los pasos de montaña asfaltados más altos de África con 2.178 m (y creo que el segundo de Marruecos), justo a mitad de camino de Zaida, donde pararíamos a comer 60 km más allá. Aunque seguí pasando frío, ya no tuve que luchar contra la tormenta. Sílvia y Tolo iban pacientemente detrás de mí, teniendo todo el tiempo del mundo para disfrutar del paisaje nevado y desolado. En la bajada del puerto, por fortuna no encontramos los típicos perros del Atlas cruzando la carretera.

En este punto, cuando se desciende desde el Atlas Medio, se puede observar uno de los paisajes más sobrecogedores del viaje: 50 km más allá se ven las estribaciones orientales del Alto Atlas, y en medio una llanura desolada y desnuda drenada por la rambla del río Muluya y sus afluentes.

Conseguimos llegar sin más complicaciones a Zaida, donde el Muluya se cruza con nuestra ruta. Necesitaba echarme algo caliente al cuerpo tras tanta nieve. Nos metimos en el típico bar de carretera marroquí, donde el camarero nos aseguró que el cordero que nos ofrecía era bueno de verdad, y a un precio que no tenía nada que ver con el de España. Como había hambre y pocas ganas de discutir le hicimos caso. Y no fue mal. Al rato aparecieron por allí otros equipos del Desafío que se sentaron a la mesa con nosotros. Las fotos que nos enseñaron de su parte del camino eran espectaculares.

Sílvia entrando en calor junto a la barbacoa.

Fotografía de Elena Tato en el alto de Hadri.

De nuevo, dejamos a nuestros amigos comiendo y reiniciamos la marcha. Nos quedaban 168 km hasta Errachidia y apenas una hora de sol. Mientras más al sur, más rápido es el atardecer.



En esta zona, especialmente tras Midelt, donde paré a repostar, hay algunas rectas larguísimas en la llanura, con el Alto Atlas cubierto de nieve como decorado de fondo.



También nos tropezamos con una rambla con el agua saltando por encima de la carretera. Menos mal que aún era de día y pude ver bien que había vehículos vadeando con cuidado. Algunos equipos que pasaron por allí de noche se llevaron un buen susto cuando se vieron  atravesando de repente una gran balsa de agua.

Desde aquí, la ruta va buscando las brechas por la que colarse a través de las diferentes elevaciones de la cordillera, con lo que en lugar de atacar en línea recta desde Zaida, va girando hacia el este para encontrar los puntos débiles de esta pared que llega a elevarse a más de 3.000 m en algunos puntos.

Primero subimos sepenteando el puerto de Tizi n’Talghaumt (1.894 m), unos 7 km al 4,7%. La carretera estaba limpia de nieve aunque muy mojada.



A continuación, en un terreno más llano pero a más de 1.400 m de altura, fuimos cruzando los fantásticos desfiladeros que el río Ziz ha ido abriendo para bajar hacia el Sahara. Primero el de Ait Kharrou y a continuación el de Tilicht, donde ya se nos hizo de noche. Llevábamos sólo 100 km desde la parada para comer, pero en los puertos de montaña la Vespa no da más de sí, con lo que la noche se nos echó encima.

En Tilicht paramos brevemente para que yo me recuperara del frío y del entumecimiento que se me han metido en el cuerpo. En cuanto oscureció había empazo a temblar del frío, así que no tuve más remedio que bajarme de la moto y darme una carrera y unos saltos para volver a saber dónde estaba cada parte de mi cuerpo.

¡Joder, qué frío! Menos mal que el jueves anterior decidí no quitarle la manta a la Vespa.

Y por fin, aunque a oscuras, ya estábamos a una tirada sencilla de Errachidia. Unos 70 km por el cañón del Ziz. Una pena que fuera de noche y Sílvia y Tolo no pudieran maravillarse del espectáculo. Dos años atrás lo atravesé aún de día, y sin duda era un paisaje digno de recrearse. Además, la temperatura se fue elevando progresivamente conforme nos acercábamos a la salida del cañón, con lo que mi ánimo también volvía a calentarse. Qué alegría me dio cuando al sobrepasar el embalse que hay en la cara sur de las montañas vi las luces de la ciudad en la llanura.

Llegábamos al mismo borde del Sahara después de haber atravesado bosques de cedros y sufrido tormentas de nieve y frío alpino.

Una vez en el hotel, de tipo kashbah y regentado por una señora alemana con la que me entendí en italiano (Auberge Tinit), fui recibiendo al resto de equipos que se alojaban conmigo. A pesar de todo lo sufrido, éramos los primeros en llegar. Y allí, junto al desierto, fui recibiendo noticias de que algunos equipos no llegarían esa tarde porque se encontraron con los puertos del Atlas Medio cerrados por la nieve. Por poco...

Por fin en el hotel (yonquis del wifi)

Menudo día…


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miércoles, 25 de enero de 2017

RETO EN VESPA. MARRUECOS 2016: Xaouen - Volubilis - Fez


UN DÍA EN EL RIF



Cuando llegas a otro país, una de las primeras precauciones a tomar en cuenta es saber en qué hora vives. No estoy diciendo que hayamos de estar constantemente pendientes del reloj durante las vacaciones, pero por un error de 60 minutos puedes perder un vuelo o que ya no te den de comer en ningún sitio; o levantarte pronto para desayunar y preguntarte por qué tus compañeros de viaje siguen durmiendo como marmotas.

Eso le pasó a una de las integrantes de Las Priscillas, que no tenía claro que en Marruecos se rigen por el huso horario de Greenwich. Aunque cuando el Ramadán cae en verano hay que llevar cuidado con esto, puesto que hay lugares donde modifican el horario para hacer el ayuno más llevadero, y ahí es ya un lío porque no sabes quién se rige según qué huso. Al menos eso me pasó a mí el verano de 2010 durante un viaje a Fez en pleno Ramadán, con ola de calor incluida.

Poco a poco van despertando...

Chefchaouen se haya inserto en mitad de las montañas del Rif, rodeada de campos de cultivo donde impera el color verde, en contraste con el azul que decora gran parte de sus construcciones. Al despertar subí a la azotea del riad para contemplar ese paisaje y escuchar cómo se iba desperezando la ciudad . Un lugar hermoso que se aleja mucho de la imagen tópica que pueden tener de Marruecos aquellos que no lo hayan visitado y piensen en un país desértico.

 Las azoteas de Chefchaouen. Y un servidor en pijama en plimer plano...

Es quizá el lugar más característico del norte de Marruecos junto con Assilah, enclaves que tras la llegada de los exiliados andalusíes y sefardíes mantuvieron cierto vínculo con la península ibérica, aunque sólo fuera la nostalgia por la tierra perdida, y que se reforzó durante la época del Protectorado español. Ese pasado parece normalizarse hoy en día gracias al turismo, dejando su impronta en los nombres de restaurantes, hoteles y riads regentados por españoles o por rifeños que aseguran que sus apellidos tienen origen español. Chefchaoeun, o Xauen para la administración del Protectorado, creció a partir de una aldea bereber con la llegada de esos exiliados que huyeron de España al finalizar la Reconquista. Hoy en día aún se pueden leer en algunas paredes placas con el nombre español de la calle, e incluso los juzgados de primera instancia de la ciudad lucen su nombre en árabe, francés y castellano.

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En sus calles azules, estrechas y reviradas como las de muchos pueblos de las sierras béticas andaluzas, se escucha con facilidad cualquier lengua de Europa Occidental, tanto por aquellos foráneos que han decidido asentarse en este pueblo como por el turismo. Y esta atracción que ejerce Xaouen no es sólo sobre los europeos (especialmente andaluces, que la tienen a tiro de piedra para pasar el fin de semana), sino sobre los propios marroquíes, que desde otras zonas del país vienen a visitar esta ciudad tan diferente del resto de paisajes y sitios diversos que se pueden visitar en el país.
Uno de los mejores lugares para ver en la ciudad son las terrazas sobre el río, donde fuimos a desayunar por recomendación de Enkar, una amiga de la ONG Camino al Sur, a quien confié la reserva de gran parte de los lugares donde dormiría durante el Desafío en las Dunas.

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Creo que en el post del día anterior ya comentaba esto...

Tras el desayuno con algunos de mis compañeros de ruta comencé la etapa con Sílvia y Tolo hacia Fez. Ellos me escoltarían durante gran parte del viaje. Manuel Rubio seguiría por otro camino, y algunos del grupo con el que compartía hoteles se quedaría a dar un paseo diurno por el zoco. Por delante tenía 240 km incluyendo una visita a las ruinas de Volubilis, Patrimonio de la Humanidad.

Tras el susto del día anterior, inicié el descenso desde Xaouen con prudencia. Los 6 km hasta volver a la carretera N2 tienen unas cuantas curvas bastante cerradas tras largas rectas cuesta abajo. Hubieran sido motivo de disfrute de no haber sido porque la calzada estaba mojada con agua sucia, que parecía barro. Mejor no volver a arriesgarse. Así que cuando llegamos al desvío hacia Uezán, paré y dije a Tolo que siguieran a su ritmo o se aburrirían siguiendo la estela relajada de mi Vespa.

Poco después me pilló Pau y ya seguimos circulando juntos durante el resto del día. El primer tramo es entre montes no muy elevados, siguiendo los valles y pequeños cañones de ríos afluentes del Lucus. Se trata de un paisaje tranquilo de curvas suaves y diferentes tonalidades de verdes, con poco tráfico. Tan solo en la travesía de Laghdir, donde quedan los restos de la antigua aduana de la frontera del Protectorado (el puente del Lucus), hay actividad aunque se trate de una población pequeña.

Hicimos una parada breve tras 50 km de ruta para repostar, y el empleado de la gasolinera, que miraba con curiosidad la Vespa, me preguntó por la abolladura que lucía la moto en el lateral. Por ahora no he visto ninguna en Marruecos, así que llama bastante la atención.

Poco a poco, conforme las montañas quedan atrás, el paisaje va tornándose menos verde y comienzan a aparecer los tonos ocres al sur de Ain Defali (donde tres años antes paramos a tomar un refresco en el primer viaje exploratorio que hicimos a Marruecos). El paisaje se torna aburrido y en la carretera comienzan a sucederse rectas más largas, especialmente al sur del río Ouerrha. Ya hemos abandonado el Rif.

Es aquí donde volvimos a encontrarnos con Sílvia y Tolo. Estaban en la orilla de la carretera junto a un poblado y rodeados de niños. A los pocos minutos me pillaron y les libré de una multa por exceso de velocidad. Tras dos años viendo un control de carretera en el mismo punto, solté el puño al reconocer el lugar. Se trata de una recta larga que tras una curva te invita a correr. Al fondo la carretera se eleva hacia un cambio de rasante donde hay una pequeña población. Allí esperan los gendarmes con su radar móvil. Aunque no los vi sabía que estaban allí y cumplí estrictamente con los límites de velocidad de aproximación al pueblo.

Los policías marroquíes de carretera suelen responder al saludo que les lanzas cuando se te quedan mirando el coche o la moto llenos de pegatinas. Y eso hice, demostrarles que soy un buen ciudadano que saluda y respeta los límites de velocidad.

Pau haciéndose extrañas fotos.

Más adelante, en el cruce entre la N13 y la N4 paré a esperar al coche de Pau, que se había quedado detrás de algún camión. Allí Sílvia me comentó que si no llego a frenar en el control, se lo hubieran comido de lleno. En general es habitual encontrarse con controles de carretera a la entrada o salida de poblaciones, con lo que conviene ser prudente y respetuosos con las normas de circulación. Dos años atrás me pararon un par de veces cuando intenté seguir con mi coche a los moteros con los que hacía el viaje. La cosa quedó en nada, pero es mejor ser escrupuloso con los límites de velocidad en las zonas pobladas. Hay mucha gente circulando por los márgenes de la carretera, o el arcén cuando lo hay, bien caminando, bien en bicicleta o en burro; y te puedes llevar un susto si no vas con prudencia.

A partir de este punto, en lugar de seguir hacia Fez, nos desviamos hacia el oeste por la N4 en busca de Volubilis, Patrimonio de la Humanidad. Tras el ascenso a Zegota, adelantando a tráfico lento, giramos de nuevo al sur hacia Mulay Idrís. A nuestra derecha se veían extensos campos de cereales y otros cultivos de secano como olivos. Esta llanura rica fue la que alimentó a Volubilis, la capital de la provincia romana de Mauritania Tingitana.

Los Comuna Cabra Again estaban saliendo del recinto cuando llegamos (habían sido los más madrugadores y no habían desayunado con nosotros).

Después de tres horas de camino, con dos pequeñas paradas, no venía mal el paseo por los restos de la ciudad romana. Algunos de nosotros contratamos los servicios de un guía, que mezclaba el inglés con el italiano y el castellano, y nos dio una buena vuelta por todo el recinto, disfrutando del día soleado y tranquilo.







Cuando salíamos para ir a comer a Mulay Idrís, ciudad santa marroquí, que se veía en la falda de la colina a unos 3 km, nos relevaron el turno de visita los equipos Aititana, Priscillas y Sandra Bullock, que llegaban en ese momento al lugar.

Mulay Idrís, a 5 minutos del yacimiento arqueológico, es un pueblo animado con una plaza y una calle llena de restaurantes donde huele a carne condimentada con comino y otras especias. Las carnicerías callejeras se alternan con los bares: tan solo hay que elegir uno y esperar que sea bueno. Eso hicieron los Comuna Cabra, y la jugada no les salió bien, así que cuando llegamos nosotros pudieron advertirnos de dónde no debíamos entrar a comer.



Aunque tarden en prepararte la comida, porque hasta que no la pides no empiezan a cortarla y a hacer el fuego, la espera siempre se hace llevadera si te sacan olivas condimentadas y algo de pan y aceite. Y a sentarse a ver la vida en la calle. Era domingo y los cafés estaban dando en pantallas gigantes el Villarreal – Barcelona, con la mitad de la población masculina del pueblo disfrutando del 2-2 con que terminó el partido.

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Después de la comida aún nos quedaban 70 km hasta Fez, de los que los primeros 18, a través del monte Zerhoun, fueron por carreteras y pistas en un estado mejorable. En este primer tramo la señalización era inexistente, y los caminos se bifurcaban con demasiada frecuencia, con lo que tuve que parar en varias ocasiones a comprobar en el Maps nuestra ubicación para saber si íbamos bien. Aunque no tenía datos, sí que había guardado en la caché las zonas donde podría tener más posibilidades de desorientarme. En una de estas paradas llegó una pareja española en un Dacia Duster de alquiler, que en cuanto nos vieron supieron quiénes éramos. Resultaron ser amigos de nuestros amigos, y por tanto amigos nuestros: Rosana y Vicente.

Poco a poco íbamos confluyendo los diferentes participantes del Desafío en las Dunas.

Los últimos 5 km hasta llegar por fin a la carretera nacional fueron de lo más divertido, con dos tandas de seis y catorce curvas muy cerradas de bajada por una de las estribaciones del monte; a través de un paisaje de olivares y bosquecillos. Tras todo el día en la moto, aquí ya iba más relajado que durante la bajada desde Xauen, y lo pasé muy bien curva tras curva.

En Nzala Beni Ammar nos incorporamos de nuevo en la N4, que va rodeando el monte Zerhoun por el este a través de un terreno accidentado y con bastante más tráfico del que habíamos tenido durante la mañana. Afortunadamente esta carretera está en mejor estado, aunque no deja de tener un trazado muy sinuoso hasta que se deja atrás el wadi del Mikkes y se llega a la llanura en la que se asienta Fez. Antes de ese punto, el tráfico de vehículos pesados era lento, con lo que las dos motos nos fuimos despegando adelantamiento a adelantamiento de los dos turismos que nos seguían.

A unos 23 km de Fez hice la última parada a repostar. Esto me valdría para subir al día siguiente hasta el altiplano del Atlas Medio.

En el último tramo, por la carretera N6 que une Meknes con Fez, el tráfico era intenso, especialmente los 6 km últimos con multitud de rotondas y cruces. Al fin y al cabo se trata de la unión entre dos de las principales áreas urbanas del país. ¡Bienvenidos al tráfico caótico de las grandes ciudades marroquíes!

El hotel que había reservado era el Jardin Public, junto a Bab Boujloud (la puerta Azul). Sílvia y Tolo, que no tenían reserva también pudieron alojarse allí.

Tras el típico lío para saber dónde y por cuánto puedes aparcar (es dejar tu vehículo en cualquier sitio y que venga un paisano con chaleco amarillo a darte instrucciones) fueron llegando poco a poco el resto de compañeros de ruta. Y aunque quedamos para cenar todos juntos, nos dimos una hora libre para deambular cada uno por su cuenta por la laberíntica medina vieja de Fez.



Junto con mi grupo conseguí llegar a la puerta de Bab Rcif, aunque cuando intentamos volver a Bab Boujloud terminamos por perdernos. La anécdota se dio cuando quisimos seguir a alguien que caminaba muy seguro, pensando que nos sacaría de aquellos callejones. De vez en cuando miraba hacia atrás, viendo con preocupación que le seguía un grupo de casi diez personas. El tipo terminó por meterse en su casa cuando llegó a un callejón sin salida, y nosotros nos quedamos con cara de tontos. Finalmente tuvimos que preguntar a unos chavales jóvenes que se reían de los pardillos españoles que la estaban liando en la entrada a sus casas.

Afortunadamente conseguimos llegar a tiempo al lugar de encuentro para la próxima aventura: la negociación de dónde cenar un grupo tan grande con la condición inexcusable de que nos dieran cerveza.

¿Quién quiere una cerveza?

Y no se dio mal... Aunque hubo algún malentendido entre lo que nos había prometido el conseguidor de nuestro hotel y lo que nos querían cobrar luego, la terraza a la que subimos era uno de los mejores sitios para cenar junto a la puerta azul.

No sin mi cerveza.

Tras reponer fuerzas después de nuestro primer día entero en Marruecos, mañana nos esperaba una buena jornada.

sábado, 21 de enero de 2017

RETO EN VESPA. MARRUECOS 2016: Tarifa - Xaouen

Día 1: Madrid - Ciudad Real
Día 2: Ciudad Real - Tarifa


DÍA 3. Sábado 19 de marzo
VALDEVAQUEROS (TARIFA)-CHEFCHAOUEN (TARIFA) (157 km)






Desde la falda de la colina donde se encontraba el camping se escuchaba al Atlántico bramando en calma contenida setecientos metros más allá.

El día amaneció gris y con una lluvia ligera que descolorió el acto de salida que teníamos previsto en Valdevaqueros. Pero eso no minó los ánimos de todos los participantes que se embarcaban en esta nueva edición del Desafío en las Dunas.

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Mientras desayunábamos fueron llegando los últimos equipos, incluyendo los SoulCamper, que se habían quedado atascados en la playa debido a la lluvia (la tarde anterior les pareció buena idea pasar la noche junto al mar, hasta que empezó a llover…).

Preparándose antes de salir

Tras colocar las pegatinas en los vehículos y recoger los roadbooks fuimos saliendo hacia el puerto de Tarifa, muchos de nosotros en caravana. Yo me sentía exultante con mi pequeña Vespa rodeado de otros moteros en sus máquinas de trail. Era la admiración de la mitad de ellos (la otra mitad pensaba que estaba loco). Aunque el día fuera gris y lloviera ligeramente, yo brillé por dentro durante los 11 km que nos separaban del puerto.

¡Listo para la aventura!

Poco a poco se fue abriendo el cielo y cuando zarpamos lucía el sol en el estrecho de Gibraltar. Teníamos a nuestra derecha el Atlántico, a la izquierda el Mediterráneo, y delante de nosotros, exactamente a unos 30 km de navegación hasta el puerto de Tánger; África y muchos días para recorrer Marruecos.



Esperando para embarcar


Mi Vespa y la BMW de los Sas Pnuemàtics ya embarcadas
Los Sandra Bullock embarcando.

 
Los SoulCamper fueron los últimos.

El trámite fronterizo fue relativamente más sencillo que en otras ocasiones en el puerto de Tánger Med, aunque el punto caótico siempre está presente en estas fronteras, donde parece que todos estén haciendo su función por primera vez en su vida.

Fui el primero en cruzar al otro lado, y por fin pude relajarme mientras esperaba a otros compañeros que harían la misma ruta que yo hasta Chefchaouen. El sol picaba a esa hora, y el aroma de las especias con que se cocina inundaba la entrada a la ciudad imponiéndose al olor salado de la brisa marina. Poco a poco fueron llegando a cuentagotas los otros equipos y se nos fueron arremolinando a nuestro lado cambistas que nos preguntaban si queríamos dírhams. Cada vez éramos más, nosotros y ellos, pero la poca diferencia con respecto al cambio oficial que ofrecían en la sucursal bancaria del puerto, junto a la incertidumbre de cuánto tiempo tardarían los cambistas en traernos los más de 6.000 € en dírhams que queríamos cambiar entre todos, nos hizo decidirnos por hacer el trámite en el banco.




Ya con el hambre haciendo rugir las tripas, encabecé una caravana de tres motos y cinco coches por el frente marítimo en obras de Tánger, buscando la carretera de Tetúan. Guié al grupo de memoria hacia el distrito en el que se encuentra la estación de ferrocarril, y desde allí, por instinto, encontré la salida de la ciudad. Tras parar a repostar en las afueras, continuamos unos 8 km hasta encontrar una gasolinera rodeada de varios restaurantes. Buen sitio para elegir dónde comer. En el primero, con aspecto de local de comida rápida -se veían fotos de sándwiches e incluso ponía burguer en el cartel de la entrada-, sólo servían bebidas, con lo que terminamos en el típico restaurante con jardines y juegos infantiles, adecuado para todo tipo de celebraciones. Estaba vacío y tenía el aspecto de haber conocido tiempos mejores. Los jardines estaban descuidados y los columpios dañados y viejos. A los empleados, que a nuestra entrada languidecían como si fueran parte de la escenificación de ese local en decadencia, se les iluminó la sonrisa al ver aparecer un grupo de casi veinte españoles con hambre. A su ritmo, pusieron en marcha, todo el proceso de bar marroquí de carretera para darte de comer: primero alguien te pone los tapetes individuales de papel, hace otro viaje para traer los cubiertos, no necesariamente en un orden determinado o todos a la vez, a continuación se va y traerá los vasos. Mientras tanto, otro camarero que no para de dar órdenes a quien pone la mesa, toma nota de la comanda. Camareros marroquíes y comensales españoles que acaban de llegar a un país donde no saben si les gustará lo que sirven en el lugar. La combinación perfecta para eternizar el proceso. Bienvenidos a África: «¡Prisa mata!». Los que no somos primerizos en el tema, nos limitamos a sonreír y relajarnos: ¡El viaje ha empezado!

Tras la comida, ya con el atardecer avanzado, reiniciamos la marcha. Seguramente se nos hará de noche en los 100 km que nos separan del fin de la primera etapa, con lo que incumpliremos una de las reglas básicas cuando sales a países desconocidos y con peores carreteras: no conducir de noche. Tan al sur y en estas fechas del año, se reduce bastante el tiempo óptimo para conducir.

Consejo que ya expliqué en 2013

Y aquí es donde yo me olvidé del «¡Prisa mata!» y comencé a subir con demasiada alegría el primer puerto de la carretera N2 entre Tánger y Tetuán. En la bajada, tras el alto de El Fendek, la calzada estaba mojada de forma irregular, con agua cruzando la superficie en más de una curva. En una de ellas, mientras adelantaba a los Sandra Bullock Team, me encontré una mancha mojada e hice un recto. Primer susto.

Relajé la marcha, pero unos kilómetros más adelante en terreno llano, adelantando al coche de mi amigo Pau por el interior de una rotonda, me encontré con barro en la calzada y la moto se me fue de atrás. Caí al suelo y deslicé varios metros con el cuerpo estirado boca abajo. Mientras veía a mi izquierda el coche de Pau moverse demasiado cerca de mí y a Manuel Rubio, que me seguía de cerca, caer también de su moto, yo sólo pensaba «Se acabó el viaje, la has cagado, ¡muy bien!».

No recuerdo bien cómo lo hice, pero sé que me incorporé como una exhalación, levanté la moto en medio segundo y la guié al arcén sin detener el motor mientras preguntaba a Manuel si se encontraba bien. En ese momento tenía en la cabeza no montar un show interrumpiendo el tráfico y que Manuel, que llevaba la moto cargada hasta las trancas, no se hubiera hecho daño.

Por fortuna todo quedó en un susto, un rasguño en la manta de la Vespa y una buena abolladura en la parte trasera. Manuel tampoco se hizo nada grave, aunque se dañó la estructura en la que cargaba todo el material que traía para la ONG Camino al Sur.

Continuamos sin más incidentes hasta la entrada a Tetuán. A partir de aquí la carretera deja de tener dos carriles por sentido, se estrecha, y vuelve a discurrir entre montañas. Debido al tráfico, los motoristas dejamos atrás a los coches en pocos minutos. Un poco después se hizo totalmente de noche, a ratos llovía ligeramente y el tráfico era intenso y lento. No era el mejor escenario para los últimos 40 km.

Aun así fui avanzando entre camiones y otros vehículos lentos, seguido de cerca por Manuel Rubio y Tolo y Sílvia, los Sas Pnuemàtics. Más tarde supe que mientras yo pensaba que Manuel me “empujaba”, en realidad intentaba no despegarse de mí en cada adelantamiento que hacía. De forma que fuimos dejando atrás, de una manera muy tonta, a los Sas Pneumàtics.

Cuando por fin llegamos al desvío de entrada a Chefchaouen esperamos a Tolo y Sílvia y subimos juntos al centro del pueblo a buscar dónde aparcar. Por el camino nos encontramos con otros participantes del Desafío en las Dunas (Llerena Senior y Mario Guerrero junto con su coche de apoyo), que habían salido mucho más temprano que nosotros para hacer todo el recorrido por pistas. Llegábamos a destino al mismo tiempo.

Aparcamos las motos en el aparcamiento más céntrico y, mientras Tolo y Manuel sacaban sus equipajes de las motos y negociaban con los vigilantes del aparcamiento, yo me fui de expedición con Sílvia a buscar el riad Nerja, que tenía reservado para mi grupo, y otro para ellos tres.

Tras un día en el que a pesar de conducir poco más de dos horas se nos había hecho largo, ya estábamos en el bello pueblo azul del Rif. Era de noche pero aún buena hora para instalarnos mientras iba llegando el resto de mis compañeros de viaje, dar un paseo por las calles siempre atestadas del pueblo y reponer fuerzas, como siempre, frente a la alcazaba: ¡cous-cous y tajine para todos!

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miércoles, 18 de enero de 2017

MENTIRAS PIADOSAS

‑Para implorarle que vuelva a casa has de ser sincero, no sólo con ella, también contigo mismo. Primero recapacita sobre qué sientes, es la única manera de saber qué quieres de ella y cómo pedírselo.
‑No funcionará, la conozco muy bien. Es muy orgullosa e insistirá en que es ella quien sabe en qué punto está la relación y todas esas memeces de la empatía.
‑¡Ahí tienes el problema! Vuestro orgullo y falta de sintonía.
‑¿Y si le suelto una mentirijilla?
‑¡Tú sabrás, me rindo!… Dile que el casero no acepta dos inquilinos en el apartamento, quizá así te deje tranquilo y vuelva a su casa.


EL FIN DEL SOL




Nubes del sur,
velero a la deriva.
No hay otro modo,
se difumina el azul
y cada mañana una aspirina.

Arena en las comisuras
del cajón de los recuerdos
que emborrona las facturas
con las que pagar cada entierro

¿Sigue siendo tu verano igual?
La infancia se olvidó de ti.
Ya no sabes que pasará
ahora que te esfumas en Madrid.

Otro otoño que sucede,
viejos planes que se olvidan,
hojas caen que nadie quiere
sin giros de guion en tu vida.

No culpes a este invierno del frío,
pesadilla que te muerde las trancas.
No te pierdas más allá del río,
que en primavera invito yo a las fantas.

¿Sigue siendo tu verano igual?
La infancia se olvidó de ti.
Ya no sabes que pasará
ahora que te esfumas en Madrid.

Sol vendido al por mayor,
sabor de sal que no se agota,
luz de un lienzo que pierde color
y en tu horizonte brilla nueva derrota.

¡Corre, huye!
Recuerda que ya no flotas.

¡Salta,mira!
Contra el muro rebotas.

¡Piensa, fluye!
¡Te faltan pelotas!

¡Empuja, estira!
Muéstrame cómo te azotas.

¿Sigue siendo tu verano igual?
La infancia se olvidó de ti.
Ya no sabes que pasará
ahora que te esfumas en Madrid.

¡Corre, huye!
Recuerda que ya no flotas.

¡Salta,mira!
Contra el muro rebotas.

¡Piensa, fluye!
¡Te faltan pelotas!

¡Empuja, estira!

Muéstrame cómo te azotas.