lunes, 22 de mayo de 2017

SENTIMIENTOS QUE UNEN





El crujir de las hojas les recuerda lo solos que están en este otoño “incaduco” que se coló en el calendario y sepultó las alegrías primigenias del verano febril. Éstas quedaron aplastadas por mentiras sincericidas dichas a contrapié; encerradas en el cacharro de la ropa sucia, cuyo olor contagia las galas dominicales; ahogadas como sabor de chicle barato que pereció entre los dientes pero mascamos con inercia suicida.

Anochece y el frío húmedo repta hacia sus pechos. Se levantan del banco escondiendo el odio común que sienten hacia las parejas que pasean felices sobre hojas de árbol caduco: ese sentimiento es ya lo único que les une en este invierno infinito.

miércoles, 5 de abril de 2017

BERLÍN

Sólo le quedaba un cigarrillo como único tesoro. Hasta ahora se había apañado trapicheando gracias a sus dotes persuasivas, fiando a la promesa de su belleza pura, lidiando la barbarie masculina con la muleta de su verbo suelto. Pero ya estaba cansada de esa lucha diaria, de aferrarse con las uñas a cada oportunidad de supervivencia asomando entre las ruinas y colas de hambrientos. Ya no había latas de arenques con las que negociar, así que acarició el cigarrillo pensando en regalarlo al primer tanquista ruso que apareciera por la esquina. Con suerte podría mantener intacto el otro tesoro que aún guardaba entre las piernas.



lunes, 20 de marzo de 2017

LÁGRIMAS INGRÁVIDAS

Se asomó sola por la escotilla para ver amanecer, abstrayéndose de los ronquidos, o respiración fuerte, como solía precisarle él; que atronaban a su espalda.

Se preguntó cómo era posible que una visión tan bella escondiera tantas incertidumbres, tantos horrores. Eso le hacía verse pequeña, muy pequeña, frente a aquel panorama que le dibujaba, al otro lado del cristal, un precipicio infinito de estrellas. Era tal la sensación de desamparo ante aquella inmensidad terrible, que no tenía forma de impedir que las lágrimas asomaran a sus ojos y salieran flotando como hojas de rocío huérfanas.


Allá a lo lejos, otra fulguración aterradora iluminó lo que quedaba de la superficie terrestre. Sólo los ronquidos de su compañero ponían banda sonora a aquel ataque desconocido.





lunes, 6 de marzo de 2017

ESTOCOLMO



Cerró los ojos y sopló las velas mientras él, a hurtadillas, por fin escapaba aprovechando que ella dejó la puerta abierta al entrar. El tiempo se detuvo y los segundos duraron lustros mientras exploraba el pasillo oscuro y sucio. Subió las intrincadas escaleras intentando liberarse de la angustia. Las paredes se le derrumbaban encima, culpándole de su acción. La luz tras las rendijas de la puerta principal le atraía como a un insecto, pero le atemorizaba igualmente. Ya fuera sintió vértigo y frío. No había techo y el cielo estaba muy arriba. Tomó aire y una decisión.


Cuando ella abrió los ojos sonrió: «Mejor aquí, ¿verdad?».

UN VIAJE



Cerró los ojos y sopló las velas con suavidad, dejando que el aire saliera despacio entre sus labios, semiabiertos. El silbido quedo fue una caricia a sus oídos, tanto o más placentera que las cosquillas del aire en sus labios. Esas cosquillas se extendieron a su cerebro cuando escuchó las velas sacudirse impacientes al viento, el rumor poderoso del mar inundándolo todo, acompañado del aroma fresco que las gotas saladas, escapando de las crestas de las olas, traían a sus mejillas; cosquillas transformándose en risa de gaviotas que anunciaban la cercanía a tierra… Abrió los ojos y las velas estaban apagadas. Ahora sólo quedaba esperar su deseo.

lunes, 20 de febrero de 2017

PARAÍSO

En el lugar más recóndito de la isla descubrí un chiringuito oculto en la selva. El barman, un joven sonriente de músculos marmóreos, me sirvió la cerveza mejor tirada de mi vida; contó un chiste graciosísimo sobre Dios y me dejó saborear los matices afrutados y refrescantes del alcohol. Maridaba incluso con los aromas de los tamarindos, guayabas y limas con que la brisa suave impregnaba el ambiente. Dentro, una morena de caderas hipnóticas canturreaba sedosa mientras especiaba un asado. Me sonrió. Di otro trago y busqué en la espesura de la selva: ya no veía el humo del accidente. Me pregunté de dónde demonios traerían la cerveza.

PRÉSTAMOS

-En el lugar más recóndito de la isla más alejada, en lo alto de la montaña más prohibida, en medio de la espesura de la selva más remota, en el apartamento más cochambroso de la ciudad más poblada del planeta, en la última duna del desierto más aislado o en el glaciar antártico menos conocido por los científicos. Da igual dónde te escondas, no importa dónde te ocultes. Husmearé, indagaré, te encontraré y te haré venir a rastras para que saldes la deuda contraída… ¿Entendido?

-Que sí, copón. ¿Alguna otra recomendación?

‑¡Claro! Mira este libro de métodos de persuasión que nos ha llegado a la biblioteca. ¡Te encantará!