lunes, 22 de diciembre de 2014

Premios

‑¡Atención, que se mueven los bombos! –dijo Raquelita entusiasmada.

El resto de niños dejó lo que estaba haciendo y todos dirigieron su mirada fascinada hacia el movimiento pendular, vibrante e hipnótico de aquellas dos esferas grandes y generosas que se podían ver al otro lado del cristal anunciando premios y fantasías deliciosas.


Todos se amontonaron en la ventana observando con sus ojos la promesa de una recompensa a toda una mañana de espera. Allí, más allá de la verja del patio del colegio, la enorme churrera de sonrisa perpetua, moño alto y pechos imposibles de La Valenciana, acababa de abrir su puesto en la plaza de Barcelona. Una mañana más, algunos niños saborearían el premio gordo del cartucho de a docena.

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